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Posts Tagged ‘Vesprada de jocs’


Columna de opinión radiófonica emitida el 22 de mayo de 2013 en el programa “Pa’ que veas” de Radio Monóvar (sección ‘En el punto de mira’).

Allá por el siglo XIX, Alejandro Dumas hijo se preguntaba por qué siendo los niños tan inteligentes, los adultos eran tan necios. Dumas achacaba este cambio a la educación. A la mala educación, habría que matizar. Una educación que no es exclusiva de los maestros, ni de los padres. Una educación que hay que extender al conjunto de la sociedad.

En una sociedad individualista y altamente materialista, los niños han terminado por convertirse en adultos precoces, cuyas opiniones y caprichos se sitúan en el mismo nivel que el de los adultos. El paso de la infancia a la adolescencia es cada vez más rápido. De jugar con muñecos a manejar ordenadores y móviles de última generación. De ver dibujos animados a actualizar los perfiles de las redes sociales. Todo ello antes de los ocho o los diez años.

Los niños se sumergen en una adolescencia precoz, preludio de la juventud a la que parece que tienen muchas ganas de llegar. En paralelo, sus padres sufren el proceso inverso. Cada vez estiran más la juventud, como un chicle eterno que nadie quiere abandonar por muy mascado que esté. Los adultos de hoy en día, no quieren llegar a la madurez, a la vejez.

En este universo de niños vestidos como adolescentes, de niños que cada vez son menos niños, y de padres que no quieren envejecer, el juego y el disfrute de la infancia se reducen al máximo. A los niños se les sobrecarga con actividades extraescolares, o se les deja toda la tarde solos delante del ordenador o la televisión. No hay conciliación de horarios y los niños cada vez pasas menos horas con sus padres. Unos padres que, por otra parte, tratan de perpetuar la vida que tenían antes de la paternidad. Menos mal que los abuelos siempre están dispuestos a echar una mano.

Más preocupante que la persistencia de la juventud, es el recorte de la infancia. Por suerte, hay maestros y padres que siguen llenando la infancia de juegos. Un ejemplo lo encontramos en el colegio Azorín y su “Vesprada de jocs”, pero también en el esfuerzo de muchos otros docentes y familias que día a día dejan que los niños sigan siendo niños y no adultos a pequeña escala. Hemos de redescubrir que los niños son los mejores maestros de lo cotidiano, son una fuente inagotable de aprendizaje para los adultos que los rodean. Pero hemos de dejar que sigan siendo niños y que lo hagan jugando. Porque un niño que no juega, no es feliz. Un niño que no juega puede acabar convirtiéndose en un adulto necio.

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