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Posts Tagged ‘Tyrannosaur’


El cómico británico Richard Ayoade debuta en la dirección con Submarine (2010), adaptación de la novela homónima de Joe Dunthorne quien también ha colaborado en el guión. Sorprende encontrar en la producción a Ben Stiller, sobre todo porque Submarine se aleja mucho del tipo de películas en las que estamos acostumbrados a verlo.

En la cinta se relatan las peripecias vitales de Oliver Tate (Craig Roberts), un adolescente galés que lee el diccionario por diversión, fuma en pipa, escucha canciones francesas y se enamora de Jordana Baven (Yasmine Paige), una chica con tendencias pirómanas. Oliver vive con sus padres, un cientítico marino propenso a la depresión (Noah Taylor) y una madre neurótica (Sally Hawkins), cuyo divorcio parece inminente. La atracción y el interés que suscitan el amor, la muerte y el sexo, centran la narración.

Igual que Gregor Samsa, el protagonista de La metamorfosis de Kafka, se despertó un día convertido en un insecto, todo adolescente se despierta un día convertido en un “bicho raro”: a medio camino entre la ingenuidad infantil, la efervescencia hormonal de la adolescencia y la supuesta sensatez de la madurez. En medio de ésta encrucijada conocemos a Oliver que se encarga de mostrarnos el complejo universo en el que vive mediante la narración en primera persona.

La fuerza interpretativa recae casi exclusivamente en los dos actores protagonistas: una pareja de jóvenes inadaptados, con problemas familiares, que mantienen una relación plagada de altibajos. Oliver trata de librarse del sambenito de chico frágil e impopular del instituto, a la vez que intenta convertirse en el mejor novio del mundo y salvar el matrimonio de sus padres. Mientras que Jordana se nos muestra como una chica enimágtica, controladora y conocedora de su poder sobre Oliver, que trata de evadirse de los problemas familiares (su madre está enferma de cáncer) y vengarse de su ex-novio. Craig Roberts y Yasmine Paige realizan una brillante intrepretación alrededor de la cual, Ayoade dibuja un universo de marcados rasgos “indies” en el que se combinan adolescentes ataviados con uniformes de colegio grises y apagados, lunáticos post-hippies (como el personaje interpretado por Paddy Considine, director de Redención-Tyrannosaur, 2011), recuerdos grabados con cámaras Super8 o capturados en polaroids, y música grabada en casetes.

Las reminiscencias cinematográficas y literarias se suceden. El guardián entre el centeno de J.D. Salinger (1951) y Los 400 golpes de François Truffaut (1959) son los más evidentes. Las comparaciones con el clásico de la Nouvelle Vague comienzan en el argumento e inundan toda la cina desde el principio, cuando Oliver Tate mira a cámara directamente. Al igual que François Truffaut perfiló con maestría la problemática del paso a la vida adulta de Antoine Doinel (Jean-Pierre Léaud), Ayoade hace lo propio con el protagonista de Submarine, aunque ésta vez el punto de vista sea más cotidiano, menos opresivo y trascendental, pero no por ello menos interesante.

El relato conserva la estructura de la novela y aparece dividido en prólogo, tres partes y epílogo. Esta peculiaridad marca el ritmo de una cinta en la que la estereotipación y caricaturización de los personajes, al igual que ocurre con el marcado uso del color y los constantes juegos de cámara (ralentización de la imagen, uso y abuso de planos fijos,  congelación de encuadres…), se convierten en puntos clave para crear una atmósfera cargado de nostalgia y toques ochenteros. Técnicas que conjugan a la perfección con el marcado acento británico de la cinta y convierten al espectador en cómplice del relato. Ejemplos de ello son la escena inicial (mirada directa a cámara del protagonista) y la escena final: un déjà-vu del sueño que noche tras noche persigue a Oliver.

La banda sonora de Andrew Hewitt alcanza su punto álgido con las composiciones musicales escritas e interpretadas por Alex Turner, líder de la banda de rock británica Arctic Monkeys. El realizador británico ya había trabajado con el grupo en un documental sobre la banda y en varios de sus videoclips (entre ellos, Cornerstone). La lánguida e inconfundible voz de Turner y sus ácidas y cuidadas letras se convierte en un elemento narrativo más, en completa simbiosis con la cinta.

Una película alejada de los cánones del cine adolescente americano, que mejora el punto de vista sensiblero y cursi que planteaba Restless (Gus van Sant, 2011), sin caer en el baboseo constante de The French Kisser (Riad Sattouf,2009). Un relato elegante con el que Richard Ayoade ha cosechado el éxito de público y crítica.

PD: el parecido entre Oliver Tate, el personaje que interpreta Craig Roberts, y Alex Turner es más que razonable (¡si no lo digo reviento!).

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Redención – Tyrannosaur (Paddy Considine, 2012) es una película de larga digestión. El espectador sale del cine con la sensación de que no ha sido capaz de asimilar toda la brutalidad y la tensión que esconde cada una de sus escenas.

Una crudeza que está presente desde la primera escena en la que nos sumergimos sin anestesia en un mundo de ira, sufrimiento y autodestrucción. El personaje interpretado por Peter Mullan (War Horse, Steven Spielberg, 2011), Joseph, se nos describe a través de sus actos al inicio de la cinta de forma impactante. Un aperitivo que nos sobrecoge y nos lleva a pensar en la imposibilidad de sentir un ápice de afecto hacia tal personaje.

Y ese es el verdadero juego al que nos somete Paddy Considine: pasar por las sensaciones del verdugo y su víctima, incluso cuando no somos conscientes de hasta qué punto cada personaje representa uno de los lados de la balanza.

“Paddy Considine consigue apelar a los sentimientos del público sin necesidad de recurrir a la violencia explícita. Todo un ejercicio de pericia que dota a la película de mayor fuerza”

Estamos ante un menú en el que se combina la rabia contenida, el dolor, la fe y la búsqueda de redención. Una destrucción y fragilidad que el actor, director y guionista británico ha plasmado en dos vertientes: la autodestrucción y la degradación humana.

Conmovedora, violenta, cruda. Los adjetivos se quedan cortos para describir la intensidad de Redención – Tyrannosaur. En ella encontramos secuencias en las que lo que acontece fuera de plano es tan duro que el espectador se siente incómodo en su butaca y busca intervenir para evitar tales atrocidades. El director inglés consigue apelar a los sentimientos del público sin necesidad de recurrir a la violencia explícita. Todo un ejercicio de pericia que dota a la película de mayor fuerza.

La cinta no tendría la carga emotiva que tiene de no contar con un trío protagonista como el formado por Peter Mullan, Olivia Colman (La dama de hierro, Phyllida Lloyd, 2011) y Eddie Marsan (Sherlock Holmes: juego de sombras, Guy Ritchie, 2011). Sin duda, Olivia Colman (Hannah en la cinta) es el eje central de la historia al encontrarse entre el arisco y destructivo Joseph (Peter Mullan) y el devastador James (Eddie Marsan).

Paddy Considine utiliza, como base argumental, el corto Dog Altogether (2007), con el que cosechó diversos premios. También vuelve a contar con dos de los intérpretes del corto: Peter Mullan y Olivia Colman. Pero que nadie piense que Redención – Tyrannosaur es la conversión de un cortometraje en un largometraje. Nada más lejos de la realidad.

  • Mientras que el Dog Altogether se centra principalmente en el personaje Joseph, un viudo, alcohólico y violento al que daba vida Peter Mullan, Redención – Tyrannosaur muestra una mayor complejidad argumental al introducir dos nuevos personajes centrales:
  • Hannah (Olivia Colman), cuyo personaje ya aparecía como secundario en el cortometraje y que ahora crece en importancia. Hannah es una mujer religiosa que trabaja en una tienda de caridad. Frágil y vulnerable, tras su supuesta vida feliz se esconden secretos que convierten su vida en una pesadilla.
  • James (Eddie Marsan), el celoso e hipócrita marido de Hannah. Un papel secundario en apariencia, pero cuya importancia es vital para entender el devenir de los acontecimientos.

Redención –Tyrannosaur se configura así como un nuevo punto de vista, una mirada diferente a historia cuyos personajes buscan, a su manera, la salvación.

Un elemento que planea sobre todo el metraje es la fe y la religión. No es el tema central, pero su importancia es vital para entender hasta qué punto se vuelven importantes los intentos de los protagonistas por desligarse del dolor, los vejámenes y las penurias que inundan sus vidas. Un consuelo que encuentran al cruzarse sus vidas de forma inesperada y les lleva a replantearse su situación.

El espectador que se acerca a ver Redención – Tyrannosaur ha de hacerlo con la convicción de que al aparecer los títulos de crédito todavía no habrá sido capaz de asimilar la complejidad y los matices de una ópera prima ante la que no cabe la indiferencia. Una obra difícil de asimilar, pero tan interesante que anida en nuestra mente y nos atormenta tras su visionado.

Crítica publicada en el portal CineCrítico.es el 15/03/2012

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