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Hace ya casi un mes y todavía no he hablado de ello. No por falta de ganas, sino más bien por falta de conexión a Internet (porque lo que era tiempo, hasta hace poco, tenía para aburrir). Así que, para no alargarlo más, hoy toca un relato “peculiar” sobre lo que fue el FIB 2011 desde mi punto de vista.

Preparadas (y equipadas) para los conciertos del sábado

Durante el viaje en coche hacia Benicàssim parecía que iba a llover y no nos íbamos a asar durante todo el fin de semana. Pero las cuatro gotas mal contadas que cayeron sirvieron para lo contrario que refrescar el ambiente: acabaron haciéndolo más sofocante y nosotras terminamos asándonos como pollos en una freiduría. Tras un pequeño ‘deja vú’ con la Guardia Civil y toparnos de frente con el recinto de conciertos, tuvimos un pequeño malentendido con los campings y las pulseras, pero se solucionó fácilmente: dos horas después de nuestra llegada y cruzando unas 3 veces el dichoso puente rojo. Vamos ya por las 6 de la tarde y por fin estamos en el camping.

[Nótese que yo llevaba desde las 6:30 de la mañana despierta para coger el tren y llevaba sin echarme nada al gaznate desde las 9:30.]

Al fin encontramos un pequeño hueco para nuestra mini-tienda (lo de mini no es capricho mío, más de uno y de dos nos preguntó cómo podíamos dormir dos con colchonetas y trastos en una tienda tan diminuta). Justo enfrente teníamos unas chicas de Chile  y por las otras dos partes (porque la tercera daba al camino) estábamos rodeadas de guiris. Lo de montar la tienda no fue nada complicado. El problema vino a la hora de clavar las piquetas. Ni un alma cándida pasaba por allí y allá que fui yo, bajo un sol de justicia, con mi maña y poca fuerza. Como ya he dicho, no había comido desde hacía más de 7 horas y a la segunda piqueta casi me desmayo… El resultado fue: una piqueta bien clavado, dos a medias y otras sin poner. Visto el panorama, no está mal para ser la primera vez.

Tras comer, aproximadamente, a las 7 de la tarde, no dirigimos al recinto de los conciertos. Nosotras llevábamos el horario de los mismo sacados de una web, pero nos enteramos que allí los vendían (creo que a 0,5€ o algo así) y que para conseguir vender más dentro del recinto sólo ponían los horarios del día, no de los días siguientes… El viernes nos esperaban, nada más y nada menos, seis conciertos. A los primeros que vimos fue a Nudozurdo (vale, tocar no tocan mal, pero no sé cómo cantan porque al principio no sabía en qué idioma lo hacían –y eso que sabía que cantaban en castellano- pero es que después cuando pillaba palabras sueltas se oían tan bajito que vete a saber…). Después fuimos a indagar y vimos a Paris Riots y The Undertones. El concierto de los primeros, aunque corto, estuvo muy bien. Los segundos me recordaban a la típica banda de rock de los 70 (no era difícil dilucidar que realmente eran una banda de los setenta -y con 35 años de giras a sus espaldas- si tenemos en cuenta que la edad media de sus componentes estaba cercana a los 50). Sonaban a eso mismo, a rock del de siempre, a buen rollo y a querer mostrar lo que es la buena música. Raudas y veloces volvimos al escenario Maravillas para coger sitio para ver a los Strokes, sí, faltaban horas, pero ya lo dice el refrán: más vale prevenir que curar. Allí disfrutamos de Brandon Flowers que, que queréis que os diga, a mi me gusta más en The Killers que sólo. Es que sólo suena muy… muy… igual y poco cañero. Terminó el concierto con una canción de The Killers (Mr Brightside), pero no fue suficiente para redimir el hartazgo que llevaba una encima. Después llegó Elbow. Yo había escuchado el disco y la verdad es que el tío tiene una voz que acojona, pero en directo no me impresionó tanto la voz, aunque si la que la gente estuviese tan entregada y que nos dirigiese a su aire haciéndonos corear “oes” y mover los brazos a su antojo. Y después… The Strokes que habrieron con New York City Cops y desbordaron todas las expectativas. Después de su concierto (en el que no hubieron vises, pero sí una canción de Nirvana de fondo cuando se marcharon del escenario –Territorial pissings,-) tocaba descansar.

[Antes de continuar, hago un inciso para descojonarme de la crónica de Antena3 sobre los conciertos del viernes (anonadada me hallo) y darle una ovación y hacerle la ola a la crónica de Rolling Stone sobre los mismos. La de Rolling Stone del sábado no me gusta, así que no la pongo.]

Continúo. Vuelta a la mini choza, nos tentaron las duchas y las hipercongeladas botellas de agua de litro y medio que vendían en el camping. Sucumbimos a las segundas y cenamos un bocata de tortilla, nos “acomodamos” en la tienda e intentamos dormir. Yo casi salgo a hacerle un altar a un chaval que puso a unos en su sitio. No sé qué hora sería, porque no tenía fuerzas ni para mirar el reloj, sólo sé que se escuchaba de fondo un remix de Take me out (o Do you want to, que segura tampoco estoy) de Franz Ferdinand y que unos no paraban de dar berridos sin ton ni son hasta que un chico les cantó las cuarenta  y se callaron (la verdad es que y pensé que iba a ser peor el remedio que la enfermedad, pero no fue así). A las 9:30 de la mañana, un calor asfixiante nos indicó que el sol había empezado a posarse sobre nuestra pequeña tienda de campaña y con la rodilla medio jodida por haber dormido mal, salí de la tienda escopetada. ¡Aquello era infernal! No sé como había gente que tenía la tienda al sol y seguí durmiendo… Eso sí, el agua (fría, of course) de las duchas era lo mejor. Al principio costaba meterse, pero una vez dentro ¡hubiese estado allí horas! Pero tampoco había que pasarse. Así que nos fuimos al pueblo y, además de sorprendernos de que es muy pequeño (pero muy, muy pequeño, que cuando digo que tenía tres calles… no me equivoco tanto), nos sorprendió que en lugar de la típica tapa (véase olivas, frutos secos, etc.) nos pusieran para acompañar dos refrescos, sendos cruasanes.

La hora de la comida fue otro episodio. Encontramos un bar que regentan unos chinos, pero no de comida china. El chico que nos atendió era del pueblo y claro, como éramos las únicas españolas por allí pues nos trató muy bien y nos dio agua fría (¡la china te cobraba más si la querías fría!). Los chicos que se sentaron a nuestro lado eran más que interesantes…  Y después de comer, tocaba dormir la siesta. Nunca hay que perder las buenas costumbres, aunque nadie nos dijo que sería tan complicado encontrar dónde dormir sin pasar calor, cosa que al final no conseguimos demasiado. Pero todavía nos quedaban fuerzas para el día grande. Fue ponernos la camiseta de los Arctic y cargarnos de energía.

Como el día anterior (bueno, no exactamente, que el sábado tuvimos visita y todo), nuestros primeros pasos en el recinto nos condijeron hacia el escenario Maravillas. Por el camino fuimos interceptadas por unas chicas que promocionaban (léase, vendían) un invento un tanto “peculiar”: unos cucuruchos de cartón para que las chicas podamos mear en cualquier parte. Los que me conocen saben que mi cara es un poema ante cualquier situación y lo hago sin malicia, pero la verdad es que me hubiese gustado ver la cara que puse porque no sabía ni qué decir ante tal producto… Llegamos al escenario y estaba Tame Impala (no hay mucho que decir). Después fuimos al escenario Fiberfib donde el día anterior habíamos descubierto a Paris Riots y ahora salíamos despavoridas ante la aberración de Astrud&Col·lectiu Brossa. Y de otro que también nos fuimos, aunque un poco más tranquilamente, fue de Spectrals. Así volvimos sobre nuestros pasos al escenario Maravillas para ver a Lori Meyers por enésima vez, tocando lo de siempre y haciendo los mismos comentarios. Estos tíos están hasta en la sopa ya mí me cansan. Cuando hagan algo nuevo que me avisen. Bueno, la verdad, no hace ni falta. Tras los españoles llegaron Mumford&Sons con su peculiar sonido folk. He de reconocer que durante el concierto pensé (y dije) que le pegaba bien que pasase una bola de esas de arbusto seco de las películas del oeste… Fuera bromas, suenan bien. Bien, más que bien sonaron los Arctics justo después, pero antes, un alto en el camino, justo el suficiente como para comprar unos Kebabs por 6 eurazos. No, no eran caros si tenemos en cuenta que eran rollos y no cerraban de la cantidad ingente de carne y cebolla (porque el resto de verdura escaseaba) que contenían. En ese mismo alto en el camino y gracias a nuestras camisetas del susodicho grupo de Sheffield nos encontramos con un madrileño que había perdido a sus amigos y tuvimos una corta pero intensa conversación en inglés. Tras señalar, pulgar en alto, nuestras camisetas y decir “good, good” preguntó lo siguiente:
–         Where’re you from?
–         We’re from Spain
–         ¡Nos ha jodio!

Esta no fue la única conversación que mantuvimos, evidentemente, pero fue graciosa la cara que se nos quedó a todos al ver que éramos españoles y pensábamos que no. Justo antes de comenzar el concierto y de los Arctics y a pesar de que él también llevaba la camiseta del grupo puesta, nos dijo que le parecían un poco prepotentes, que Alex Turner lo era y que iba de Dios. Volvió a comentarlo cuando pusieron Sexy thing para salir al escenario. Después se trago sus palabras y reconoció la evidencia. Uno más para el redil.

Esto no es nada comparado con la gente que llegó a haber el sábado en el escenario Maravillas

Me centro en el concierto y voy terminando que esta entrada se está haciendo eterna. El ritmo que marcaron los Arctic Monkeys no era trepidante, era casi imposible de seguir. Las canciones duraban unos dos minutos y sin apenas descanso fueron enlazando unas con otras. Brutal. Los había visto ya, pero ésta vez fue mejor que la anterior y eso que ya no tocan Balaclava (creo que no lo hicieron porque si de por sí la canción ya es rápida, Turner se ahogaría intentando pronunciar más rápido de lo que ya lo hace) y siguen sin tocar Mardy boom, bueno, me empiezo a acostumbrar a ello… Ahora bien, lo de verle bailar La macarena, sí, sí, la canción de Los del Rio, ¡no tiene precio! Que nadie se espere que la baile con entusiasmo y pasión, pero bailarla, la baila. Después de una hora de concierto, llego el momento de irse del escenario y volver –convirtiéndose en el único grupo que vi que tocó vises y cuyo concierto fue más largo- para acabar con la poca voz que nos quedaba (y con mi pobre rodilla) y  currarse el mejor final posible. Y 505 de colofón, para no perder la costumbre. Eso sí, tengo tres pegas (y no son ni de las canciones ni del grupo, sino de la gente): primero, se montaron dos corrillos a derecha e izquierda de guiris borrachos y pasados hasta no se sabe dónde pegándose empujones como salvajes que daba miedo (sobre todo por encontrarnos justo entre ambos), una cosa es pegar empujones y querer pasar aunque no haya hueco y otra es monta un ring de lucha libre; segundo, personas que lanzáis vete a saber qué líquido (no quiero ni pensarlo) por encima de la gente… si es cerveza, no la malgastéis y si no lo es… ¡Metéroslo por donde os ha salido!, y, tercero, descamisados-hipermegasudados me da asco que os refreguéis en mis brazos al pasar…

Como he dicho antes, vuelvo al madrileño con el que comenzamos en inglés y terminamos entre inglés y castellano. Después del concierto nos fuimos con él y conocimos a sus amigos, a un canario que estaba pirado, a dos gallegos con un acentazo que flipas, a un australiano pasadete y pesado al que no le entendía nada (y ni creo que él mismo supiese qué estaba diciendo –tampoco se daba cuenta de que iba enseñando medio de todo por allí…-), y a varios galeses. Pasamos un buen rato por allí viendo a Russian binoculars y a Squeleton entre otros personajes de la noche. Pero la noche tocaba a su fin y volvimos a nuestra peque tienda. Yo dormí como un tronquete y no me desperté hasta que el sol abrasador de las 9:30 de la mañana me envió directa a la ducha. Ese día tocaba recoger y ver los últimos conciertos… Daba mucha pena irse…

La verdad es que el tercer día fue light, pero lo agradecí en parte porque mi rodilla no daba para más. No podía saltar, ni casi hablar de lo reventada que estaba. Eso sí, la siesta que nos pegamos fue buenísima (ya tenemos sitio para la próxima vez, si la hay…). En cuanto a conciertos, vimos sólo dos: 1) The Coronas from Ireland (lo de la procedencia viene por un pequeño problema con The Coronas españoles por tener registrado su nombre y demás rollos burocráticos y de propiedad), fueron todo un descubrimiento, y 2) CatPeople, era la segunda vez que los veía y me gustaron menos que la anterior. El disco deja que desear quitando dos o tres canciones, seguramente también tiene que ver que un concierto con el sol fuera… no es lo mismo.

Hasta aquí mi estancia en la decimoséptima edición del FIB. Quedaron grupos por ver (principalmente Beirut –en la estela de Kusturica- y Arcade Fire –que sólo me gustan cuando cantan en inglés y no en francés, pero bueno-) en el tintero, bien por coincidir en horario o por tocar el domingo por la noche… Pero quejarme de ello, no me quejo. De mi paso por los conciertos de Benicàssim tengo que añadir que me sorprendió ver a familias acudir en comandita: padre, madre e hijo adolescente e, incluso, padre, madre y niño con chupete (¡!) También me sorprendió ver a gente mayor. Léase, mayores de 50 tacos. Se me hace imposible imaginar a mi padre en semejante fregao. Por lo demás, tan sólo añadir que la organización se lo curra bastante y que, a pesar de las aglomeraciones masivas en los conciertos de los cabezas de cartel, se puede estar más o menos a gusto disfrutando de los conciertos. La pega: el precio de las entradas… pero merece la pena pagarlo por los grupos y por la calidad del sonido.

PD: la entrada no tiene casi fotos (ni mucho menos vídeos) porque sino sería mucho más eterna de lo que ya es.

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