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Posts Tagged ‘Rodrigo Rato’


Columna de opinión radiófonica emitida el 29 de mayo de 2013 en el programa “Pa’ que veas” de Radio Monóvar (sección ‘En el punto de mira’).

La sombra de José María Aznar lleva persiguiendo a Mariano Rajoy desde que fue nombrado secretario general del PP. Desde que el propio ex presidente lo eligió a dedo, después de que Rodrigo Rato rechazase el cargo. Durante ocho largos años, Rajoy no consiguió quitarse el sambenito de segundón y, ahora, una vez que ha conseguido emular a su predecesor, que se ha fortalecido dentro del partido a pesar de las adversidades, ahora, reaparece Aznar y amaga con volver a la política activa.

Rajoy guarda silencio ante el derechazo, el golpe directo, el “yo lo hice mejor y tú te estás equivocando” que Aznar le ha propinado y que llega en el momento más inoportuno. Un acto de egolatría, el del ex presidente popular que no sólo ha vivido el PP, también el PSOE, y por partida doble.

Primero con José Luis Rodríguez Zapatero. El entrevistador, el también reaparecido Luis del Olmo, se paso media entrevista pidiendo brevedad y concisión a un Zapatero aburrido, tedioso, pesado. Pero ahí estaba Alfonso Guerra, el último reaparecido, para poner la nota de incorrección política que tanto Zapatero como Rajoy evitaron. Guerra se lanzó al ring llamando “dormilón” a Rajoy, “tío de la capa” a Aznar y “Groucho Marx” a Cospedal.

Si algo comparten todos estos ex presidentes, ex dirigentes, en definitiva, ex políticos, es el don de la inoportunidad. Reaparecen en calidad de expertos, de hombres y mujeres curtidos en la primera línea de la política que conocen cómo funciona su partido y cómo se mueven los que ahora ocupan sus cargos. Tal vez por eso, buscando quitarles el protagonismo, suelen reaparecer en el momento menos indicado. Aznar cuando sobre el PP planea la sombra de la corrupción, y Zapatero y Guerra, cuando el PSOE parece un partido fantasma.

Ese llegar en el peor momento, ese goteo disperso de apariciones mediáticas, y esas ganas por escribir libros que les entra a los políticos cuando dejan el cargo, sólo pueden significar una cosa. Los que han saboreados el poder, no están dispuestos a abandonarlo nunca. Puede que se hayan ido, que ya no muevan los hilos, pero seguirán teniendo poder, incluso estando en la sombra.

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Columna de opinión radiófonica emitida el 9 de enero de 2013 en el programa “Pa’ que veas” de Radio Monóvar (sección ‘En el punto de mira’).

Cinco ocasiones en 37 años de reinado, son las veces en las que el rey ha concedido entrevistas. Sin olvidar que, con anterioridad a su coronación, concedió una entrevista a la televisión suiza en la que ensalzó la figura de Franco. Después llegaría la entrevista en El País, la que concedió a Radio Nacional y fue conducida por Xavier Sardá y su alter ego el Señor Casamajó, la de la BBC tras las Olimpiadas del 92, la de Victoria Prego con motivo del 25 aniversario de su reinado y, por último la que se emitió hace escasos cinco días conmemorando el 75 cumpleaños de Don Juan Carlos.

La entrevista levanto polémica antes y después de su emisión. Sobre todo, cuando se publicó que no habría alusiones a los últimos escándalos acontecidos en el seno de la familia real. Una entrevista así, sin preguntas comprometidas, no es una entrevista, es un publirreportaje. Calificar de entrevista, algo que no lo es, no sólo es un insulto hacia la inteligencia de los ciudadanos, sino también una falta de respeto a la democracia y a la profesión periodística.

El resultado final fue insulto, cargado de puntos comunes y generalidades. Poco más que un repaso histórico, una conversación entre dos hombres de la misma generación. No se trataba de realizar una entrevista agresiva, pero si cercana, menos encorsetada y en la que se hablase de los temas que realmente interesan a los ciudadanos.

El único interés que despertó su emisión fue volver a ver a Jesús Hermida en acción, pero ello no justificaba 23 minutos de programación en la parrilla de la televisión pública.

No obstante, el problema no fue que el maestro Hermida se encargase de conducir la entrevista, el problema fue que el veterano periodista entrara en el juego de la Zarzuela, en el intento de lavado de cara que lleva a cabo la Casa Real, tras los escándalos de Botsuana y Urdangarín. La transición y el 23F no sólo quedan demasiado lejos para los jóvenes, sino también para aquellos que los vivieron. La Casa Real, conocedora de que la figura del monarca no puede cimentarse sólo en hechos del pasado, y tratando de acallar los problemas presentes, intenta aumentar la popularidad de Don Juan Carlos y acercar su figura a los más jóvenes, por el momento, sin éxito.

La emisión del programa también perdió parte del interés generado tras conocerse, el viernes, el mismo día de su emisión, un bombazo informativo: Rodrigo Rato fichaba por Movistar, Telefónica de toda la vida, como asesor externo para Latinoamérica y Europa.

Teniendo en cuenta que Rato ayudó a privatizar la compañía cuando era vicepresidente del Gobierno de Aznar y que tras su salida de Bankia y la nacionalización de la compañía, estaba en paro, Telefónica ha escogido el mejor momento para devolverle el favor que Rato les brindo en los noventa.

Lo que me sorprende es el doble baremo que está siguiendo la compañía de telecomunicaciones: a Urdangarín lo apartaron de su cargo de asesor por están imputado en el caso Nóos, mientras que a Rato lo contratan estando imputado por el caso Bankia. Creo que la mejor explicación que se le puede dar a este hecho aparecía reflejada en la prensa del fin de semana en forma de viñeta. Soraya Sáez de Santamaría, y el presidente, Mariano Rajoy, eran los protagonistas. En los bocadillos, cargados de ironía y sarcasmo, se podía leer que la “colocación” de Rato les parecía un tanto apresurada, teniendo en cuenta que todavía no había sido condenado y, por ello, no habían tenido ocasión de darle el indulto.

Ahora, mientras Rato se acomoda en su nuevo sillón de asesor, cerca de 6.000 empleados de Bankia se van a la calle por su mala gestión. Por mucho que nos lo queramos tomar con humor, la realidad acaba dándonos siempre una bofetada.

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