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Posts Tagged ‘Mª Dolores de Cospedal’


Columna de opinión radiófonica emitida el 17 de julio de 2013 en el programa “Pa’ que veas” de Radio Monóvar (sección ‘En el punto de mira’).

De negar la contabilidad B del Partido Popular, a tirar de la manta. Luís Bárcenas ha cambiado de estrategia. La publicación de parte de los originales de la supuesta contabilidad paralela del PP y de algunos los mensajes que se intercambiaron el ex tesorero y el presidente del gobierno, sentaron como un jarro de agua fría entre los populares.

Y eso que Bárcenas todavía no había dado su último golpe de efecto. El lunes, ante el juez Ruz, el ex tesorero del PP aseguró que Mariano Rajoy y Mª Dolores de Cospedal habrían recibido cada uno 25.000 euros en billetes de quinientos en 2009 y 2010.

Fuente: Alejandro Santos

La respuesta a tales acusaciones volvió a ser la misma: negar la mayor. “Esto es una democracia seria y las instituciones no se someten al chantaje (…) Un presidente del Gobierno no puede estar saliendo cada día al paso de todas las insinuaciones o rumores que se vayan produciendo” declaró Rajoy en la rueda de prensa que mantuvo junto al primer ministro polaco.

Lo chocante es que Mariano Rajoy contestase a una de las preguntas de los periodistas españoles, leyéndola. El presidente del gobierno pudo llevar la respuesta escrita porque, según aseguran algunos medios, se trataba de una pregunta pactada con el diario ABC.

Más allá de lo vergonzoso que resulta que un presidente del gobierno no comparezca ante la prensa o que trate de amañar las preguntas, más vergonzoso resulta que el presidente del Gobierno no haya comparecido en el Congreso para dar explicaciones. Porque no sólo está en entredicho la honorabilidad de un partido político, sino que se pone en peligro la credibilidad del Gobierno y, por extensión de España. ¿Con qué cara vamos ahora a pedir ayudar a Europa, que, al fin y al cabo, es el muro con el que vamos a acabar chocando? No lo digo sólo por el caso Bárcenas, también por el caso de los ERES de Andalucía, cuyo dinero procedía precisamente de fondos europeos y que, supuestamente, ha acabado en el bolsillo de políticos socialistas y sindicalistas andaluces, en lugar de en formación para parados.

Cuando se habla del caso Bárcenas, se responde con el caso de los ERES. La pescadilla se muerde la cola mientras la corrupción, suma y sigue.  PP y PSOE, se han puesto de acuerdo para llegar a la conclusión más absurda: hay  de una “causa general” en su contra, una especia de caza de brujas en la que ellos son las víctimas.

Lo que hay es un gran problema. Un problema que se llama corrupción. La solución que se baraja es la denominada Ley de Transparencia. Pero, ¿qué legitimidad moral tienen los partidos políticos, los mismos que están implicados en casos de corrupción, para redactar esta ley?

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Columna de opinión emitida en el programa “Pa que veas” de Radio Monóvar dentro de la sección “En el punto de mira” (06/02/2013).

El tiempo es relativo, sobre todo si hablamos de justicia y periodismo. Mientras que en el periodismo la inmediatez, es la máxima a seguir. La justicia es más sosegada, más pausada. Podemos exigir mayor rapidez a la hora de poner en marcha un proceso judicial o cuando este se vuelve interminable, pero no podemos exigir que la justicia, como el periodismo, sea inmediata.

Tras la publicación en El País de los papeles de Barcenas, la supuesta contabilidad B llevada a cabo por los ex tesoreros del Partido Popular Luis Bárcenas y Álvaro Lapuerta, se ha abierto la veda de los juicios paralelos. La prensa alimenta a la opinión pública con declaraciones y supuestas pruebas de la veracidad o falsedad de las informaciones publicadas. Los medios de comunicación cumplen así su función de mantener informados a los ciudadanos y ello propicia que el tribunal de la opinión pública se pronuncie. Los presuntos culpables ya han sido juzgados y condenados en los medios de comunicación sin intervención de la justicia.

Luis Bárcenas, extesorero del Partido Popular

La presunción de inocencia se desvirtúa. Sobre todo cuando la responsabilidad política se confunde con la responsabilidad jurídica. Cuando un político español se ve envuelto en un supuesto caso de corrupción, la dimisión es lo último que se le pasa por la cabeza. Aquí nadie deja su silla, ni su sueldo. Hacerlo sería reconocer su culpabilidad, sin que mediase sentencia de por medio.

Reconocer la incapacidad de seguir ejerciendo un cargo es incompatible con la clase política española. Sin entrar a valorar si el presidente del Gobierno, debería o no dimitir de su cargo como le exigen, entre otros, el Partido Socialista , Mariano Rajoy y, por extensión, el Partido Popular, deben llegar hasta el fondo de la cuestión y deben hacerlo lo antes posible. La situación de nuestro país, tanto política, económica como social, no admite ni titubeos, ni teorías conspiratorias.

La estrategia de comunicación del Partido Popular tras estallar el caso Bárcenas ha sido nefata. El Presidente del Gobierno tardó tres días en dar la cara ante los ciudadanos y lo hizo jugando al gato y al ratón con la prensa, parapetado por un televisor de plasma, sin admitir ninguna interpelación. Aquello era un monólogo y no precisamente de humor. Su discurso, el mismo que mantuvo junto a Angela Merkel en rueda de prensa, vuelve a ser contradictorio. Rajoy repitió el mismo error que comedio el pasado jueves la secretaria general del Partido Popular, Mª Dolores de Cospedal. No se puede decir que algo es completamente falso y, a la vez, parcialmente verdadero.

En política, además de la verdad, cuentan las formas. Un político, como le ocurría a la mujer del César, no sólo debe ser honrado, además, debe parecerlo porque la confianza de los ciudadanos no se gana en las urnas y dura cuatro años. La confianza de los ciudadanos se gana con hechos, más que con palabras.

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Columna de opinión radiófonica emitida el 20 de febrero de 2013 en el programa “Pa’ que veas” de Radio Monóvar (sección ‘En el punto de mira’).

Con ellos llegó el escándalo. Los nuevos presupuestos generales del estado, los más austeros de la historia, no agradan a nadie. Ni a los que manifiestan su malestar en la calle y son aporreados por la policía, ni a los que se quedan en casa y son alabados por el gobierno. Ni tampoco a los mercados. La máxima de austeridad con la que se han elaborado convierte a las cuentas estatales en un mamotreto cargado de recortes y más recortes. Recortes que el propio gobierno, cual Judas, se encargó de negar tres veces: por activa, por pasiva y en campaña electoral.

Tampoco agrandan los presupuestos en el ámbito regional. Así se lo hicieron saber ayer al presidente del gobierno los líderes autonómicos. Rajoy zanjó el tema con rapidez: la Conferencia de Presidente no era el lugar adecuado para tratar el tema.

El estado nos roba” y esta vez la queja no proviene del gobierno catalán, sino del valenciano. Las diferencias son obvias. La Generalitat, la nuestra, no sale a la calle a pedir la independencia, ni convoca un referéndum. De hacerlo, sonaría ridículo y más si las verdaderas razones no están ligadas ni a la historia ni a la cultura, sino al vil metal. En nuestro caso, en lugar de secesión, lo que ha conseguido el recorte en inversión pública es aunar a todas las fuerzas políticas de la Generalitat: a ningún partido le gusta que el estado nos dé menos que al resto de autonomías. Y ahí tenemos al Govern Valencià quejándose con la boca pequeña, exigiendo más dinero, cuanto más dinero mejor, para que se vea nuestro potencial. Si por potencial se refieren a despilfarro e inversión en obras faraónicas, conmigo que no cuenten. Y por faraónicas no me refiero sólo a grandes construcciones, sino también a pabellones polideportivos, auditorios municipales o piscinas cubiertas cuya construcción era viable, sí, pero su mantenimiento no.

Cataluña, Madrid y la Comunidad Valenciana se suben al carro. La senda abierta por Mª Dolores de Cospedal en Castilla la Mancha, se extiende. Ahora ya no se habla sólo de adelgazar las cuentas públicas, sino también de recortar los miembros que componen el parlamento regional o en su defecto, de quitarles el sueldo. No hay democracia sin políticos, deberían recordarles a todos aquellos que pugnan por dificultar el pluralismo político en los parlamentos autonómicos.

Dejando a un lado los recortes y politiqueos diversos y ya en el ámbito local, nuestro ayuntamiento ha encontrado la manera de que regrese, con periodicidad mensual y espero que sin faltas de ortografía, El Veïnat y también las emisiones de televisión Monóvar. Eso sí, que nadie se vuelva loco intentando sintonizar un nuevo canal de televisión. Ahora lo que se lleva es Internet y ahí es donde vamos a poder saciar nuestra curiosidad. Nuestra curiosidad cotilla y criticona, claro está.

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Una de mis “pequeñas joyas de arte” insertada en los apuntes

Desempolvo los apuntes de primero de Periodismo y con ellos muchos recuerdos. Busco en concreto los de Teoría y Tecnología de la Comunicación Escrita y se me dibuja una sonrisa al ver entre las hojas dibujos de palmeras y caracolas (una vez llené una pesa entera con caracolas de Tipex… no es que la clase no me interesase, simplemente sucumbía lenta y plácidamente al descenso del periodo de atención activa).

Imparcialidad vs. Objetividad

Rebusco, como digo, entre los apuntes, para poder aportar una definición académica sobre imparcialidad y objetividad. Ahí va:

La objetividad es, para Francesc Burguet, la cualidad de los objetos y como tal se puede contraponer a la subjetividad que es, por ende, la propiedad característica de los sujetos. De ahí que el autor prefiera hablar de imparcialidad en lugar de objetividad. Además, la imparcialidad tiene implicaciones éticas y profesionales. El periodista, como sujeto, sólo puede aspirar a la imparcialidad. Es decir: no debe desinformar y ha de realizar bien su trabajo, contrastar la información que maneja, etc.  El autor remarca que el determinante de la imparcialidad es el ejercicio de la profesión periodística, el periodista como intérprete de la realidad y como redactor de la información.  Así, por muy imparcial que se quiera ser, detrás de toda noticia hay un sujeto, un punto de vista [no tiene porqué implicar manipulación] y el uso del estilo impersonal no garantiza la imparcialidad.  Ello lo garantizará la responsabilidad y la actitud ética que hay detrás de cada información comunicada.

Y todo esto ¿para qué? Evidentemente por las declaraciones que ésta mañana ha realizado Mª Dolores de Cospedal, número dos del PP y candidata a la presidencia de Castilla-La Mancha, en Los Desayunos de TVE1 (vídeo aquí).

Es hablar de parcialidad, falta de objetividad y, en definitiva, de manipulación y los ejemplos de varias televisiones públicas me rondan la cabeza. Sobresalen Canal9 y TeleMadrid. Sin embargo, si nos centramos en TVE, su historia también se ha visto ensombrecida por la sombra de la manipulación informativa y el partidismo. Ana Pastor zanjaba el tema sentenciando: “Las encuestas y premios recibidos por esta casa no dicen que sea la televisión de otras épocas”. ¡Cuánta razón!

Cospedal arremete contra TVE  mientras Aguirre le da una colleja a Rajoy

Y con el lógico respeto a la presunción de inocencia penal. Creo que, cuando un juez sospecha que un político a utilizado su cargo para su proyecto personal, existen responsabilidades políticas que hay que sustanciar (sic y, aunque tiene sentido así, creo que quiso decir subsanar) y así lo hemos hecho en el Partido Popular de Madrid y ésta lista es otra prueba de ello (Fuente: elmundo.es).

Estas eran las palabras de Esperanza Aguirre al respecto de la composición de la lista electoral del PP de la Comunidad Madrileña. Tal y como ha comentado en Los desayunos Nativel Preciados, Aguirre es muy “hábil” y, esto ya lo añado yo, sabe darle a Mariano Rajoy dónde más le duele. El dirigente del PP ha actuado como marioneta ante la cúpula de los populares valencianos desde que el pasado verano Camps anunciase que sería él el candidato a la Presidencia de la Generalitat por el PP antes de que Génova se hubiese pronunciado al respecto. Rajoy tuvo entonces que tragarse a Camps con patatas. Pero la historia viene de antes, de mucho antes, del momento en que Rajoy fue elegido secretario general del PP. De ahí nacen también los extraños episodios de pataleta de Costa y las declaraciones de sus familiares al respecto de tirar de la manta del PP valenciano.

Vuelvo a las declaraciones de Aguirre que la política valenciana es un camino sin retorno. Lo que hace falta, por parte de todos los partidos políticos, es dejarse de esgrimir diferentes criterio hacia los imputados dependiendo de si son de su partido o del de la oposición. Y, aquí, vuelvo a  Cospedal, quien ésta mañana  ha vuelto al mismo argumento de siempre: “hay que ir caso por caso”. El” ¡y tú más!” continúa y no va a hacer ningún bien a ningún partido, ni mucho menos a la política en general.

Los políticos suelen ver la parcialidad y la manipulación de los demás, pero no la propia.  Y aquí vuelvo a la entrevista de ésta mañana.  Miguel Ángel Liso, director Editorial del Grupo Zeta, ha preguntado Mª Dolores de Cospedal sobre su opinión al respecto de la acusaciones de manipulación y parcialidad que el PP viene vertiendo desde hace unos meses sobre TVE. Cospedal, después de asegurar que la campaña del PP contra el prestigio de TVE tiene menos repercusión de la que al partido le gustaría, ha dado su opinión: “no se ve la imparcialidad que debería tener una televisión pública como TVE. No está siendo desde el punto de vista informativo, una televisión pública como debería de ser”. Tras la intervención de Cospedal y por las alusiones evidentes, Ana Pastor le increpa ahora sobre el modelo a seguir y le sugiere algunos como Canal9, TeleMadrid o CanalSur. Cospedal sólo dice que el modelo es la imparcialidad (que no es un modelo en sí, sino una característica del mismo) y la secretaria general del PP le responde: “una televisión pública pagada por los impuestos de todos los ciudadanos, la televisión pública nacional, debería presumir de que todos sus servicios informativos y sus instrumentos (¡!), programas de información política sean de una objetividad meridiana y una imparcialidad meridiana”, y apostilla: “creo que a veces las informaciones de TVE dejan mucho que desear en el ámbito de lo político”.

Ana Pastor aparentemente zanjó el tema aludiendo a las buena opinión de los espectadores y de los propios periodistas sobre TVE y dio paso a Esther L. Palomera (periodista de La Razón, Cadena COPE e Intereconomía) quién verdaderamente acabó por sentenciar la disputa: si las críticas no tienen el eco que el PP quiere, tal vez es que todos los medios son partidistas y poco objetivos en lo tocante a política.

Sé que es un debate muerto y sin interés real, pero es un debate clave, puesto que los medios de comunicación son el eje central de la formación de una opinión pública verdaderamente informada y capaz de posicionarse en el ámbito político con todas las consecuencias.

Finalizo con una última vuelta a las palabras de Burguet al decir que el estilo impersonal no es signo de imparcialidad y enlazo con Cospedal quien ha remarcado, cuando se le increpaba al respecto de su opinión a cerca de TVE, que ella trata de hablar de forma tranquila y respetuosa, contestando a las preguntas de los contertulios. Otro argumento que se va el desagüe. Por el momento, muy pocos argumentos de los partidos políticos (no del bipartidismo, sino del conjunto) se salvan, espero que la situación cambie durante el año que nos queda para las generales. A un mes de las autonómicas y locales no espero milagros.

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