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Director: Charles Ferguson
Productores: Charles Ferguson, Jeffrey Lurie, Autrey Marrs, Christina Weiss Lurie y otros
Guión: Chad Beck, Charles Ferguson y Adam Bolt
Música: Alex Heffes
Narrador: Matt Damon
Año: 2010

Sinopsis:
Documental en el que se abordan las causas de la crisis económico-financiera global de la mano de algunas de las personas implicadas en la misma o que estuvieron al mando de las instituciones que no hicieron nada para remediarla. En el documental se apunta a un reducido número de personas como responsables últimos de la crisis que vivimos desde 2008 y que han sido los que han construido una gran estafa a nivel mundial que nos ha hecho llegar a la situación actual.

Comentario:
El documental se divide en cinco partes: cómo llegamos aquí, la burbuja (2001-2007), la crisis, responsabilidades y dónde estamos ahora. En cada una de ellas, Charles Ferguson va desgranando poco a poco las razones de la crisis y sus consecuencias. Pero, a diferencia de –inevitable acordarse de él- Michael Moore, (sí, hay más directores que filman documentales y, además, lo hacen bien), la presencia de Ferguson es omnipresente pero diluida: en ningún momento podemos verlo y tan sólo tenemos la oportunidad de escucharlo cuando realiza las entrevistas. Es Matt Damon el encargado de poner voz a la narración, con un tono más bien monótono pero acorde con la estructura narrativa.

Un documental sobre economía que no resulta excesivamente farragoso para no iniciados en la materia, en gran medida gracias a los gráficos, diagramas e ilustraciones que incluye. Ferguson decide comenzar poniendo un ejemplo a pequeña escala: Islandia, un país que pasó de ser la utopía que el resto del mundo quería alcanzar a ver como su sistema financiero entraba en bancarrota. Tras esta breve introducción, Ferguson se centra en explicar los motivos de la crisis en EEUU que, a fin de cuentas, son los mismos que en el resto del mundo.

Tras el visionado de Incide Job al espectador le queda la sensación de que es verdad aquello de que “el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra”. El director no  sólo destripa la actual crisis económica, sino que hace referencia a anteriores como la de 1907 o el crack del 29. En el momento de atajar la crisis de 2008, Ferguson realiza un más que interesante recorrido por las diferentes etapas políticas de la administración americana y pone en el punto de mira a las corrientes neoliberalistas que se han impulsado desde distintos gobiernos desde hace décadas.

A través  de un sinfín de testimonios de economistas, periodistas, profesores universitarios, banqueros, políticos… el documental va desgranando los entresijos de la crisis. Ferguson muestra como la política y la economía se entrelazan para dilapidar el sistema financiero, pero también el democrático. Muestra como una crisis que se pudo haber evitado –porque se avisó de las posibilidades de la misma en repetidas ocasiones- ha provocado que millones de personas padezcan las consecuencias de los actos de unos pocos que, a cambio, han visto como sus arcas cada vez estaban más llenas.

Sin embargo, no todo son virtudes. El documental exime de culpa a las personas que, dejándose llevar por la euforia de los mercados, acabaron pidiendo préstamos que sabían que no podían devolver (o que no podrían hacerlo si la situación cambiaba). Aquí flojea el documental: está claro que gran parte de la culpa es de banqueros y grupos financieros, pero también del común de los mortales, porque a él también le pudo la avaricia y la codicia. Y estos términos me llevan a hacer referencia a un anécdota que Dominique Strauss-Kahn cuenta en el documental. El ex presidente del FMI se encontraba en una cena con altos mandatarios del gobierno norteamericano, la FED y directivos de los principales bancos del país. En un momento dado, uno de los banqueros dijo:

Todos aquí sabemos que lo que ha ocurrido se debe a nuestra codicia, pero la culpa no es nuestra, la culpa es vuestra por no regular Wall Street. La codicia es un sentimiento humano y ustedes deberían haberla puesto freno.

Frase atroz dicha por un banquero, por un representante y guardián del sistema financiero, defensor a ultranza del capitalismo que para eludir su culpa aboga por la regulación de los mercados y señala a la codicia como última culpable por ser inherente al ser humano y, por tanto, increpa a los defensores del intervencionismo de que ellos no han hecho nada para evitar la situación Evidentemente, si así se hubiese actuado (interviniendo en los mercados) él se hubiese quejado y con él el resto del sistema financiero. Una frase que muestra la hipocresía del sistema y de los altos cargos que lo articulan y defienden.

En definitiva, un documental fácil de ver, con un punto de ironía que consigue dibujarnos una sonrisa a la vez que hace que nos indignemos ante varios testimonios. Un documental que pone de manifiesto, además, cómo los gobiernos han centrado su actuación en ayudar al sistema económico financiero y no a aquellos que estaban sufriendo la crisis, a los ciudadanos a los que supuestamente representan. Un documental que hace que nos preguntarnos: Where’s my f*cking bailout?  (¿dónde está mi jodido rescate?)

Where's my f*cking bailout? o ¿dónde está mi jodido rescate?

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Una vez tuve un profesor de historia que no se cansó de repetir clase tras clase, aunque no tuviese nada que ver con el periodo de la historia que estuviésemos estudiando, que el gran problema de España fue no dejar que los franceses nos invadiesen en 1808. Con eso era capaz de explicarlo todo. Creo que a partir de hoy también idolatrará a los islandeses (y en sus pensamientos querrá que nos invadan).

Islandia, un pequeño país que en octubre de 2008 se convirtió en el primer país Europeo en declararse en bancarrota (primer país “subprime” llegaron a llamarlo), sigue dando ejemplo. Me detengo aquí un momento para aclarar el término en cursiva: un país no quiebra, quiebra el sistema financiero y arrastra con él las cuentas del Estado, con lo que, técnicamente, el país también quiebra. Pero no es exactamente lo mismo. Un país podría quebrar y su banca seguir inmune. Continuo.

El modelo de crecimiento y prosperidad islandés se había convertido en uno de los más alabados en el marco europeo con unas tasas de crecimiento en 2004-2005 de más del 7% y en 2006-2007 superiores al 4%. De dicha situación de apogeo capitalista, se pasó a la nacionalización del principal banco del país, el Kaupthing, y a la intervención estatal de otras dos entidades financieras importantes como el Landsbanki y el Glitnir. La debilidad del sistema islandés se hizo patente con los primeros signos de desconfianza del sector financiero hace ahora 3 años. De nada sirvieron entonces las cada vez más descabelladas pero atrayentes políticas de tipos de interés del país. Los inversores ya no confiaban en el sistema islandés. La moneda -la corona- se devaluó (impidiendo que se siguiese engrasando la economía a través del comercio exterior), la inflación llego a cuotas del 14% y su sistema financiero quedó en evidencia: no había suficiente dinero (por simplificar) para hacer frente a la situación. Reino Unido, Alemania y Holanda (principalmente) clamaron al cielo por las inversiones que sus ciudadanos tenían en sucursales/filiales islandesas y, casi al borde de una crisis diplomática y tras negociar un préstamo con Rusia -pudiendo poner en peligro los intentos de Islandia de entrar en la UE-, el gobierno aseguró que no había porqué preocuparse, se harían cargo de sus obligaciones.

Por aquel entonces, la situación se calmó y nunca más se supo de Islandia a nivel de bombazo informativo (muy de tanto en tanto aparecía alguna noticia al respecto, pero mínima). Del aspecto social no se sabía demasiado: algunas protestas frente al parlamento cacerola en mano y poco más. Algunos publicaron en sus blogs o en portales de contrainformación como se vivió la situación, como Islandia supo cohesionarse ante la incertidumbre y la crisis. Del aspecto financiero, hasta principios del año pasado, Reino Unido no durmió tranquilo (es un decir), pues fue entonces cuando se anunció que será a partir de 2016 cuando el gobierno islandés devolverá el dinero a los inversores ingleses con un tipo de interés del 3%. Ahora, Reino Unido y el resto de países afectados por “daños colaterales” a la situación financiera islandesa han vuelto a agitarse. Lo de dormir tranquilos se acabó. Una cosa es lo que el gobierno quería (mantener buenas relaciones con los países europeos a pesar de la crisis interna para seguir adelante con el proceso de acceso a la UE) y otra muy diferente lo que los islandeses quieren (nada de dar dinero a diestro y siniestro).

En marzo de 2010 se votó por primera vez que los islandeses dijeron no al rescate (un 93,1% de los votantes así lo manifestó en referéndum). La “Ley Icesave” que había sido aprobada por el parlamento islandés en febrero del mismo año, no pasó la consulta popular. Ayer, los islandeses volvieron a decir no a ayudar a los bancos. Por supuesto, raudos y veloces han estados los ingleses y holandeses para reclamar ante los tribunales el pago de la deuda. Tal y como comenta la periodista Rosa María Artal en su blog:

[Los islandeses] Tienen la inmensa fortuna de no pertenecer a esta UE que aprisiona a la Europa real, -y cuya apuesta es defender a los bancos y “mercados” por encima de los ciudadanos- y aún pueden rebelarse.

Actualmente, Islandia ha salido de la recesión y sus cifras de crecimiento rondan el 1,2% (ya las quisiéramos por aquí) y sus ciudadanos pueden alzar su voz de forma democrática y tumbar las propuestas del gobierno de turno. El sistema de representación político islandés es transversalista -no se basa en la dicotomía izquierda/dercha- y unos mecanismos de participación directa real está dejando en evidencia a la vieja Europa. El pueblo ha hablado y ya era hora de que se le hiciese caso. La pequeña isla del Atlántico Norte con apenas 300.000 habitantes vuelve a erigirse en ejemplo a seguir.

Islandia, ese país en el que igual un volcán de nombre impronunciable (Eyjafjallajökull) colapsa el tráfico aéreo de medio planeta demostrando que no son sólo una islita más en el atlántico norte, que sus habitantes se niegan a ayudar a la banca. ¡Ojala que se nos pegue algo del espíritu islandés!

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