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Posts Tagged ‘Iggy Pop’


No, no hablo del album de Iggy Pop quien, por cierto, actuará en los Jardines de Viveros en Valencia el 9 de julio (las entradas salen a la venta el 21 de marzo por 40€). Tampoco hablo de un pub de San Diego (EEUU) con el mismo nombre (¿por la publicidad me pagaran algo?). Hablo de los Arctic Monkeys.

Brick by Brick es la primera canción que se conoce de su cuarto album Suck it and see (la traducción la hacéis vosotros que no queda muy decorosa…).  La banda de Sheffiel colgó el vídeo de la nueva canción el 4 de marzo en su página web y desde ese momento todo son opiniones encontradas. Y barbaridades varias.

Aquí tenéis el vídeo. Juzgar por vosotros mismo y, como siempre, se aceptan todo tipo de opiniones. Yo ahora doy la mía.

La letra (escasa) de la canción aquí.

¿Se están volviendo más americanos? Puede, un poco surferetes están. Aunque suena bien. ¿Más comerciales que con Humbug? Sí, sin duda, la frase: “I wanna rock’n’roll” es todo un comodín, como ponerle de título a una canción “My generation”.

La primera vez que la escuché no parecían los Arctics, pero esto es como no decir nada porque todavía hoy cada vez que oigo Humbug no me parecen los Artics. Ahí está la gracia. Si siempre hiciesen lo mismo sería un aburrimiento. Ya está bien de martirizarlos diciendo que han perdido el norte, que para qué buscar otro sonido si ellos ya tenían uno. Pues joder, para eso mismo: para no encasillarse y dar siempre lo mismo que después nos quejamos de todo. Al final me tengo que poner seria.  Además, si me pongo a buscarle parecido suena de lenta como Cornerstore que, mira tu por donde es de Humbug pero, sin embargo diferente. Si, suena rara, pero suena bien. Vuelven con fuerza las guitarras y falta letra, no lo voy a negar. Suena sesentero y la voz de Alex Turner espero que se oiga más clara en el resto de canciones. Pero es un adelante, es un: “Seguimos aquí. Estamos trabajando en algo nuevo y diferente”. Creo que un buen aperitivo de un álbum que espero impaciente.

Algunos incluso comparar los dos singles que The Strokes ha sacado (el disco sale el 20 de marzo) con éste de Arctic Monkeys. Under Cover of Darkness todavía, pero You’re so right no sé por dónde cogerla… Así que sí, estoy de acuerdo con ellos (y eso sabiendo que no me tengo que meter en estos fregaos). Además, Brick by Brick es pegadiza y engancha. Eso siempre es un punto a su favor (el otro es el sonido de la guitarra).

Y ahora, algunas burradas que he podido leer al respecto de la canción: suena a The Doors o a The Who (así, en genérico… pues hombre, no), se parece a Jimmy The Exploder de White Stripes (éste se ha tirado a la piscina sin flotador, porque que alguien me diga dónde está el parecido) , a Doorman de Stereophonics (más de lo mismo), a Kasabian (en general no, pero si te pones a hilar fino le puedo ver un mínimo parecido con Fire por aquello de las repeticiones y el tono calmado), a The Beatles (aquí puede que algo, no sé hasta que punto, pero esto es casi sacrílego), The Coral (otro que va a lo bestia. A mi estos me suenan más country que roqueros, pero a saber), Supergrass (si es porque el vídeo de Alright empieza con un disco girando en un gramófono… sí o por el tono de St. Petersburg…). En la mitad he aceptado pulpo como animal de compañía, porque hay que rebuscar y todo ello teniendo en cuanta lo que he oído de cada uno, que nadie se mosquee.

PD. No sé qué obsesión tienen los Arctic Monkeys con los ladrillos, ya van dos canciones en las que aparecen: Old yellow bricks y Brick by brick.

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Valiente por tratar el tema de las drogas sin tapujos, sin realizar ningún juicio al respecto y sin moraleja. Jugándoselo todo a la baza del surrealismo y el impacto visual con toques de videoclip. Un montaje enérgico, trepidante. Una estética transgresora, en definitiva, a la que hay que unir un buen reparto encabezado por Ewan McGregor y  Robert Carlyle (sí, el de Full Monty) hacen que no te levantes del sillón. Pero llegamos al guión: diálogos escasos, aunque audaces, cínicos, crudos, verosímiles e incluso lúcidos que no vienen a decir nada. Nada a excepción de los soliloquios inicial y final y alguna frase suelta por en medio de la cinta. Para muestra un botón: “Dentro de mil años ya no habrá tíos ni tías, sólo gilipollas” [¡nos estamos aplicando que da gusto¡].

El water más sucio de toda Escocia

Posiblemente sea una de las escenas, junto a la persecución inicial, el bebé y el regalito envuelto en una sábana, que más se recuerdan de Trainspotting. Por eso mismo, no me voy a detener en ninguna de ellas. Yo me quedo con la última parte del film. Con los tejemanejes de Renton, Begbie, Sick Boy y Spud. También me quedo con la banda sonora (Iggy Pop, Pulp, Primal Scream, Lou Reed, David Bowie…) y con el vacío existencialista que marca la cinta.

La película la vi hace, aproximadamente, una semana y me sigo acordando de ella con la misma sensación agridulce que me dejó. No es que esperase más, es que esperaba otra cosa. Conociendo de antemano el parlamento inicial, pensaba que no iba a encontrar una cinta estética y técnicamente más que correcta, pero sin algo más que aportar. Porque está vacía y hace que tú la llenes. Y eso, no me disgustó: he aquí la parte dulce, ya que detrás de las subidas y bajas de la película, Trainspotting pretende que el espectador se (re)plantee ciertas cuestiones sociales y personales que llegan a no tener nada, absolutamente nada, que ver con el film. Pero, por otra parte, el hecho de mostrarse así me deja con la incertidumbre de si le busco tres pies al gato intentado llenar de contenido algo que no tiene –más del explícito- y que ha sido encumbrado como obra maestra cuando, en realidad, no lo es (he aquí el vinagre). Está claro que no es lo mismo verla en 2011 que en 1996, pero si verdaderamente fuese una obra maestra como, pongamos, La naranja mecánica, el dato de cuándo se ve la película debería ser irrelevante. Y aquí me vuelvo a detener, porque no comprendo porqué se suele comparar una de las obras maestra del grandísimo (y grandioso) Stanley Kubrick con Trainspotting. Sí, ambas son transgresoras en cuanto a lo visual y en cuanto a la temática, pero me veo incapaz de rebajar La naranja mecánica a los suburbios de Edimburgo.

No le niego a Danny Boyle su audacia, igual que le reconozco la brillantez de otras cintas suyas como 28 Días después (2000) y  Slumdog Millionaire (2009), pero no me quedaré tranquila si no me quejo del bodrio que es La playa (1999). Como decía, Boyle fue atrevido al tratar el tema de la heroína y sus efectos a partir de la obra homónima de Irvine Welsh, pero a mí no me ha llegado a convencer del todo. Un poco de sexo, mucha droga, una pizca de violencia y música de Iggy Pop no son suficientes.

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Una curiosidad que he encontrado: un cómic que destripa la peli en tres páginas.

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