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Columna radiófonica emitida el 21 de mayo de 2014 en el programa “Pa’ que veas” de Radio Monóvar (sección ‘En el punto de mira’)

Pleno del Ayuntamiento de Monóvar - Fuente: Radio Elda Cadena SER

Un mes da para mucho, sobre todo en el ámbito político. En el caso del ayuntamiento de Monóvar, en un mes hemos visto como el PP perdía la alcaldía y la coalición PSOE-GIMV se hacía con el bastón de mando. Hemos visto como al descontento de los populares por cómo se realizó el cambio de gobierno se unen ahora las quejas por el tiempo de dedicación de los nuevos regidores. También hemos visto como el PSOE arroja algo de transparencia sobre las maltrechas cuentas del consistorio que arrastra una deuda cercana a los 19 millones de euros, unos 1.500 euros por habitante.

Como colofón al mes de gobierno de coalición, ayer se celebró el primer pleno solicitado por el PP desde que está en la oposición. El nuevo alcalde, Natxo Vidal, trató de marcar diferencia con su antecesor al permitir que todos los puntos del día, incluido el único que no podría votarse por cuestiones técnicas, se debatieran en el pleno.

Hubo debate sí, pero se volvió a poner de manifiesto que PP y PSOE son incapaces de ponerse de acuerdo. Aunque todavías es pronto para saber si está será la tónica que seguirán socialistas e independientes, en esta ocasión no se ha llegado en cuanto a subvenciones, alumbrado público, problemas del campo de fútbol, o sobre la ubicación del Mercado de Abastos. Se han cambiado las tornas y los populares se quejan ahora de probar su propia medicina. Se quejan de que los socialistas e independientes utilicen las mismas prácticas que ellos utilizaban  cuando gobernaban, aquellas que impedían y siguen impidiendo que las propuestas de la oposición, o de la minoría, salgan adelante. Casualidad o no, el único punto del orden del día en el que todos los grupos políticos estaban de acuerdo, no se votó.

Ante plenos como el de ayer da la sensación de que los partidos políticos miran poco por los intereses generales y mucho por los intereses electorales. La búsqueda del resultado en las urnas es la única explicación posible ante los plenos que populares y socialistas han solicitado en los últimos meses.

Ya que todas las fuerzas políticas coincides en ponerse de acuerdo cuando apelan a la responsabilidad y a trabajar por y para el pueblo, deberían saber que la mejor campaña ante las urnas es que los ciudadanos, más que riñas y rencillas, veamos resultados.

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Columna de opinión radiófonica emitida el 3 de abril de 2013 en el programa “Pa’ que veas” de Radio Monóvar (sección ‘En el punto de mira’).

Con cuatro o cinco años aprendemos la primera lección de economía de nuestra vida: no se puede gastar más dinero del que se tiene. La aprendemos cuando queremos comprar el quiosco entero y acabamos con dos bolsas de gusanitos y tres piruletas. Con los años, descubrimos que esa primera enseñanza, no era del todo cierta. Descubrimos que nos podemos endeudar, con límites, siempre que seamos capaces de devolver el dinero en el futuro y no nos veamos encerrados en el juego de pedir dinero para pagar lo que ya debíamos.

Siendo estas lecciones tan evidente, parece mentira que ninguna administración  (ni local, ni provincial, ni autonómica, ni estatal) ninguna, lo haya comprendido todavía.  De todos los ejemplos posibles, me quedo con el de la Comunidad Valenciana, por ser de los más sangrantes.

La Comunidad, o lo que es lo mismo, todos los valencianos, debemos a bancos, empresas, ayuntamientos y entidades, 36.200 millones de euros. O lo que es lo mismo, la Comunidad debe tres veces el presupuesto autonómico anual. Una cantidad que no se ha frenado ni con recortes, ni con inyecciones de dinero del gobierno central.

A la desorbitada deuda de la Generalitat, le debemos que todos los grupos políticos de les Corts*, se hayan puesto de acuerdo: la solución es exigir la modificación del modelo de financiación autonómica. Un sistema de financiación que, según el presidente Alberto Fabra, “maltrata a la Comunidad Valenciana”.

Mientras Fabra suplica al Ministro de Hacienda, Cristobal Montoro, se lo toma con calma y eso que Cataluña, Madrid, Baleares y Murcia también le exigen más dinero.

La opulencia de los años dorados del ladrillo consiguió enmascarar la deficiente financiación autonómica. Los eventos y las infraestructuras de dudosa utilidad y costoso mantenimiento proliferaron por todo el litoral. Roto el espejismo del ladrillo, el “sálvese quien pueda” se ha instaurado en la Comunidad.

Puede que la política de grandes eventos e inauguraciones, nos situase en el mapa, aunque fuese el del despilfarro y la corrupción. Lo que es seguro es que la deuda y sus intereses, van camino de situarnos en un mapa muy distinto, uno en el que nadie quiere estar, el de los estados y autonomías quebradas.

Por mucho que lo que se pida sea justo, la Generalitat debería repasar algunas lecciones básicas de economía, sobre todo aquella que aprendimos de pequeños y que dice que no podemos gastar más de lo que tenemos.

*En el audio digo Consell (incorrecto) en lugar de les Corts (correcto).

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Una vez tuve un profesor de historia que no se cansó de repetir clase tras clase, aunque no tuviese nada que ver con el periodo de la historia que estuviésemos estudiando, que el gran problema de España fue no dejar que los franceses nos invadiesen en 1808. Con eso era capaz de explicarlo todo. Creo que a partir de hoy también idolatrará a los islandeses (y en sus pensamientos querrá que nos invadan).

Islandia, un pequeño país que en octubre de 2008 se convirtió en el primer país Europeo en declararse en bancarrota (primer país “subprime” llegaron a llamarlo), sigue dando ejemplo. Me detengo aquí un momento para aclarar el término en cursiva: un país no quiebra, quiebra el sistema financiero y arrastra con él las cuentas del Estado, con lo que, técnicamente, el país también quiebra. Pero no es exactamente lo mismo. Un país podría quebrar y su banca seguir inmune. Continuo.

El modelo de crecimiento y prosperidad islandés se había convertido en uno de los más alabados en el marco europeo con unas tasas de crecimiento en 2004-2005 de más del 7% y en 2006-2007 superiores al 4%. De dicha situación de apogeo capitalista, se pasó a la nacionalización del principal banco del país, el Kaupthing, y a la intervención estatal de otras dos entidades financieras importantes como el Landsbanki y el Glitnir. La debilidad del sistema islandés se hizo patente con los primeros signos de desconfianza del sector financiero hace ahora 3 años. De nada sirvieron entonces las cada vez más descabelladas pero atrayentes políticas de tipos de interés del país. Los inversores ya no confiaban en el sistema islandés. La moneda -la corona- se devaluó (impidiendo que se siguiese engrasando la economía a través del comercio exterior), la inflación llego a cuotas del 14% y su sistema financiero quedó en evidencia: no había suficiente dinero (por simplificar) para hacer frente a la situación. Reino Unido, Alemania y Holanda (principalmente) clamaron al cielo por las inversiones que sus ciudadanos tenían en sucursales/filiales islandesas y, casi al borde de una crisis diplomática y tras negociar un préstamo con Rusia -pudiendo poner en peligro los intentos de Islandia de entrar en la UE-, el gobierno aseguró que no había porqué preocuparse, se harían cargo de sus obligaciones.

Por aquel entonces, la situación se calmó y nunca más se supo de Islandia a nivel de bombazo informativo (muy de tanto en tanto aparecía alguna noticia al respecto, pero mínima). Del aspecto social no se sabía demasiado: algunas protestas frente al parlamento cacerola en mano y poco más. Algunos publicaron en sus blogs o en portales de contrainformación como se vivió la situación, como Islandia supo cohesionarse ante la incertidumbre y la crisis. Del aspecto financiero, hasta principios del año pasado, Reino Unido no durmió tranquilo (es un decir), pues fue entonces cuando se anunció que será a partir de 2016 cuando el gobierno islandés devolverá el dinero a los inversores ingleses con un tipo de interés del 3%. Ahora, Reino Unido y el resto de países afectados por “daños colaterales” a la situación financiera islandesa han vuelto a agitarse. Lo de dormir tranquilos se acabó. Una cosa es lo que el gobierno quería (mantener buenas relaciones con los países europeos a pesar de la crisis interna para seguir adelante con el proceso de acceso a la UE) y otra muy diferente lo que los islandeses quieren (nada de dar dinero a diestro y siniestro).

En marzo de 2010 se votó por primera vez que los islandeses dijeron no al rescate (un 93,1% de los votantes así lo manifestó en referéndum). La “Ley Icesave” que había sido aprobada por el parlamento islandés en febrero del mismo año, no pasó la consulta popular. Ayer, los islandeses volvieron a decir no a ayudar a los bancos. Por supuesto, raudos y veloces han estados los ingleses y holandeses para reclamar ante los tribunales el pago de la deuda. Tal y como comenta la periodista Rosa María Artal en su blog:

[Los islandeses] Tienen la inmensa fortuna de no pertenecer a esta UE que aprisiona a la Europa real, -y cuya apuesta es defender a los bancos y “mercados” por encima de los ciudadanos- y aún pueden rebelarse.

Actualmente, Islandia ha salido de la recesión y sus cifras de crecimiento rondan el 1,2% (ya las quisiéramos por aquí) y sus ciudadanos pueden alzar su voz de forma democrática y tumbar las propuestas del gobierno de turno. El sistema de representación político islandés es transversalista -no se basa en la dicotomía izquierda/dercha- y unos mecanismos de participación directa real está dejando en evidencia a la vieja Europa. El pueblo ha hablado y ya era hora de que se le hiciese caso. La pequeña isla del Atlántico Norte con apenas 300.000 habitantes vuelve a erigirse en ejemplo a seguir.

Islandia, ese país en el que igual un volcán de nombre impronunciable (Eyjafjallajökull) colapsa el tráfico aéreo de medio planeta demostrando que no son sólo una islita más en el atlántico norte, que sus habitantes se niegan a ayudar a la banca. ¡Ojala que se nos pegue algo del espíritu islandés!

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