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Posts Tagged ‘Clive Owen’


Woody Allen exprimió Manhattan hasta dejarla “inservible” como ciudad para contar sus historias. Desde entonces, y de esto ya hace unos cuantos años, ha ido dando tumbos de un lado a otros buscando un lugar en el mundo que pueda albergar sus diálogos ácidos y sus fobias y filias amorosas.

Midnight in Paris comienza una mini-guía visual de París que incluye todos los paisajes que cualquier turista no debería perderse. Teniendo en cuenta que la entrada del cine cuesta unos siete euros (o, como en mi caso, el alquiler del DVD rondó los tres euros), sale mucho más barato leer la Lonely Planet. Señor Allen, se espera de usted mucho más de lo que nos da. Se espera que nos deje enganche con sus historias entre lo absurdo y lo fidedigno, historias de guiones impecables, que nos quedemos con la mano suspendida entre el bote de palomitas y la boca semiabierta y dibujando media sonrisa al pillar los entresijos de los diálogos. En lugar de eso, el señor Allen nos ofrece su versión de La Cenicienta con toques de realismo mágico y con todas las reminiscencias a La rosa púrpura del Cairo que se nos antojen (y muchas más a Regreso al futuro), sin por ello dejar de ser La Cenicienta al estilo Allen: en lugar de zapatos de cristal hay un borrador de una novela (o un disco antiguo) y  en lugar de calabaza reconvertida en coche de caballos aparece un coche de época. También encontramos al príncipe azul que busca a su princesa perdida y a varias candidatas entre las que deberá elegir.

El reparto no está mal, pero me rechinan varias apariciones, como ver a Carla Bruni (alarde de chovinismo para atraer al público francés, si no tenían ya bastante con la guía turística plagada de tópicos de París que es en sí la película) o la de Adrien  Brody haciendo de Dalí (¿eso es un bigote?). Clive Owen está resultón, aunque el propia Allen lo hubiese hecho un poco mejor. Katy Bathes siempre perfecta y Marion Cotillard ha sido todo un descubrimiento para mí que espero seguir más de cerca.

La cinta, entre la realidad y el delirio, a caballo entre los años veinte y la belle epoque con  pátinas de la explosión artísticas de las vanguardias, tiene un mensaje claro: cualquier tiempo pasado fue mejor y lo pensamos porque el presente supone un reto para nosotros, el reto de conseguir lo mejor día a día, mientras que del pasado nos quedamos con los bueno y olvidamos lo malo. Un resumen menos políticamente correcto sería el siguiente: se trata de otra comedia romántica, tan típica de Allen como el tema de la guerra civil en el cine español, en la que el director americano trata de vendernos la moto de que París es bonito (que ya lo sabíamos) y que lo era mucho más cuando era el centro cultural de Europa, todo ello envuelto en el humo de los típico fumaderos de opio del Paris de los bajos fondos.

El director neoyorquino al que siempre se le ha tildado de europeo, no acaba de encontrar la ciudad donde dar rienda suelta a su leivmotive en el viejo continente. Su nuevo destino es Roma. Viendo el resultado de la última cinta, creo que mejor me compro unos billetes para la ciudad eterna y me ahorro la guía turística al estilo Allen. Y si alguien me intenta convencer de que es una buena película y de que es lo mejor que ha hecho en los últimos años, sólo puedo contestar una cosa: que bajo hemos puesto el listón…  Midnight in Paris se queda en una cinta que se deja ver, no lo niego, y para los que vimos Annie Hall y Hanna y sus hermanas entre otras, las comparaciones son más que odiosas. Tal vez el problema se encuentre en la manía de Allen de rodar una película al año o en comparar todos sus trabajos con sus películas de los 70-80, o por la sensación de que Woody Allen dejo de hacer obras maestras a mitad de los noventa (aunque yo le tenga un gran aprecio a La maldición del escorpión de jade…).

Señor Allen, deje de lado sus refritos sacados de la libreta de “escenas que puedo utilizar en el futuro” y céntrese en hacer cine del bueno, aunque tengamos que esperar por ello. Si vale la pena, valdrá la espera.

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And so it is
Just like you said it would be

Suele haber alguien que nos dice que las cosas no serán como esperamos. La historia se repite cada vez que no le creemos, pero no hay nada que hacer. Tiene razón y nada va a cambiar si no hacemos el esfuerzo necesario para que así sea.

No love, no glory
No hero in her sky

Incluso cuando hacemos ese esfuerzo, nada nos asegura que el cambio vaya a ser, a la larga, mejor. ¿Cuántas veces nos equivocamos intentando arreglar las cosas y al final terminan peor de lo que estaban? Sin embargo, hay que seguir intentándolo. ¡Qué más dará el resultado! Lo importante es el proceso, los momentos de cambio. La calma no siempre es positiva, pero el desorden del cambio nos hace más fuertes, nos prepara para afrontar los siguientes cambios con más energía.

 I can’t take my mind…
‘Til I find somebody new

En cada nuevo cambio, nos encontramos con nuevos amigos, compañeros, conocidos, desconocidos… Algunos están de paso y otros han llegado para quedarse. Todos nos aportan algo: ya sea positivo o negativo, pero todos dejan huella en nosotros. Lo único que no hay que permitir es que nos diluyan entre su paso, nos anulen hasta el punto de perdernos y no saber regresar. Lo único que no hay que permitir es que nos arrastren a la tranquilidad de la conformidad. O, al menos, mantener siempre tendida la mano hacia los que nos llevan hacia caminos nuevos.

Pd. Tanto el fotograma como la canción (The Blower’s Daughter de Damien Rice) pertenecen a la película Closer (2004), una historia coral a cuatro bandas protagonizada por Julia Roberts, Jude Law, Natalie Portman y Clive Owen. De la película me gustó el principio y el final, del resto salvo poco. Eso sí, admiro a Natalie Portman por los cambios bruscos de look que preceden a cada nueva película. En ésta con el pelo corto, moreno o rojo, e incluso con pelucas de colores (ahí ya no me gusta porque la peluca es rosa…). ¡Qué valor el de ésta chica! Y qué suerte tiene la condená que todos los peinados le quedan bien…

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