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El cómico británico Richard Ayoade debuta en la dirección con Submarine (2010), adaptación de la novela homónima de Joe Dunthorne quien también ha colaborado en el guión. Sorprende encontrar en la producción a Ben Stiller, sobre todo porque Submarine se aleja mucho del tipo de películas en las que estamos acostumbrados a verlo.

En la cinta se relatan las peripecias vitales de Oliver Tate (Craig Roberts), un adolescente galés que lee el diccionario por diversión, fuma en pipa, escucha canciones francesas y se enamora de Jordana Baven (Yasmine Paige), una chica con tendencias pirómanas. Oliver vive con sus padres, un cientítico marino propenso a la depresión (Noah Taylor) y una madre neurótica (Sally Hawkins), cuyo divorcio parece inminente. La atracción y el interés que suscitan el amor, la muerte y el sexo, centran la narración.

Igual que Gregor Samsa, el protagonista de La metamorfosis de Kafka, se despertó un día convertido en un insecto, todo adolescente se despierta un día convertido en un “bicho raro”: a medio camino entre la ingenuidad infantil, la efervescencia hormonal de la adolescencia y la supuesta sensatez de la madurez. En medio de ésta encrucijada conocemos a Oliver que se encarga de mostrarnos el complejo universo en el que vive mediante la narración en primera persona.

La fuerza interpretativa recae casi exclusivamente en los dos actores protagonistas: una pareja de jóvenes inadaptados, con problemas familiares, que mantienen una relación plagada de altibajos. Oliver trata de librarse del sambenito de chico frágil e impopular del instituto, a la vez que intenta convertirse en el mejor novio del mundo y salvar el matrimonio de sus padres. Mientras que Jordana se nos muestra como una chica enimágtica, controladora y conocedora de su poder sobre Oliver, que trata de evadirse de los problemas familiares (su madre está enferma de cáncer) y vengarse de su ex-novio. Craig Roberts y Yasmine Paige realizan una brillante intrepretación alrededor de la cual, Ayoade dibuja un universo de marcados rasgos “indies” en el que se combinan adolescentes ataviados con uniformes de colegio grises y apagados, lunáticos post-hippies (como el personaje interpretado por Paddy Considine, director de Redención-Tyrannosaur, 2011), recuerdos grabados con cámaras Super8 o capturados en polaroids, y música grabada en casetes.

Las reminiscencias cinematográficas y literarias se suceden. El guardián entre el centeno de J.D. Salinger (1951) y Los 400 golpes de François Truffaut (1959) son los más evidentes. Las comparaciones con el clásico de la Nouvelle Vague comienzan en el argumento e inundan toda la cina desde el principio, cuando Oliver Tate mira a cámara directamente. Al igual que François Truffaut perfiló con maestría la problemática del paso a la vida adulta de Antoine Doinel (Jean-Pierre Léaud), Ayoade hace lo propio con el protagonista de Submarine, aunque ésta vez el punto de vista sea más cotidiano, menos opresivo y trascendental, pero no por ello menos interesante.

El relato conserva la estructura de la novela y aparece dividido en prólogo, tres partes y epílogo. Esta peculiaridad marca el ritmo de una cinta en la que la estereotipación y caricaturización de los personajes, al igual que ocurre con el marcado uso del color y los constantes juegos de cámara (ralentización de la imagen, uso y abuso de planos fijos,  congelación de encuadres…), se convierten en puntos clave para crear una atmósfera cargado de nostalgia y toques ochenteros. Técnicas que conjugan a la perfección con el marcado acento británico de la cinta y convierten al espectador en cómplice del relato. Ejemplos de ello son la escena inicial (mirada directa a cámara del protagonista) y la escena final: un déjà-vu del sueño que noche tras noche persigue a Oliver.

La banda sonora de Andrew Hewitt alcanza su punto álgido con las composiciones musicales escritas e interpretadas por Alex Turner, líder de la banda de rock británica Arctic Monkeys. El realizador británico ya había trabajado con el grupo en un documental sobre la banda y en varios de sus videoclips (entre ellos, Cornerstone). La lánguida e inconfundible voz de Turner y sus ácidas y cuidadas letras se convierte en un elemento narrativo más, en completa simbiosis con la cinta.

Una película alejada de los cánones del cine adolescente americano, que mejora el punto de vista sensiblero y cursi que planteaba Restless (Gus van Sant, 2011), sin caer en el baboseo constante de The French Kisser (Riad Sattouf,2009). Un relato elegante con el que Richard Ayoade ha cosechado el éxito de público y crítica.

PD: el parecido entre Oliver Tate, el personaje que interpreta Craig Roberts, y Alex Turner es más que razonable (¡si no lo digo reviento!).

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Maybe nothing of it could have happened if I hadn’t lived in the city. In a city, where no one knows who you are, all is possible.

It was autumn. Nowhere had brown leaves on the floor, neither picturesque parks to photograph. There were only steel and glass. Grey colour covered everything, until a day, on the corner of main street, she appeared under a red hat. Since that day, during a week, I saw her leaning on a streetlight. Everytime she walked down the street, my heart beat and my hands were becoming shaky as a glass of water about to overflow. My mind invented a lot of story. One of them began whit a glass of rum with coke and a Bloody Mary’s without Tabasco. Nothing must be real. Neither names. She chose Jaqueline and I chose Hector. Then, we went to an older and distant place, called for everyone “Hotel of Infidels” when its real name always was “Hotel City”. There, we take off the mask and in the dark, we were ourselves. We thought that invent a new language could be a perfect ending to a perfect day. The first word we invented was “good bye”. We weren’t sorry because we had to go, it was easy because each other knew that our hearts will never be our home.

But anything of that happened and after a week, the woman with the red hat disappeared and all continue its way. Why? Because I had lived in a city and I hadn’t the courage to do something. Yes, a city is the place of everything can happen, but I’m not that kind of guy who feels the life. I used to wait for a sign to follow my dreams, but with the red hat woman, never appeared.

Sorry for the mistakes (maybe there are a lot). If you found one (or more), please leave me a comment. Thanks!

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Hace ya casi un mes y todavía no he hablado de ello. No por falta de ganas, sino más bien por falta de conexión a Internet (porque lo que era tiempo, hasta hace poco, tenía para aburrir). Así que, para no alargarlo más, hoy toca un relato “peculiar” sobre lo que fue el FIB 2011 desde mi punto de vista.

Preparadas (y equipadas) para los conciertos del sábado

Durante el viaje en coche hacia Benicàssim parecía que iba a llover y no nos íbamos a asar durante todo el fin de semana. Pero las cuatro gotas mal contadas que cayeron sirvieron para lo contrario que refrescar el ambiente: acabaron haciéndolo más sofocante y nosotras terminamos asándonos como pollos en una freiduría. Tras un pequeño ‘deja vú’ con la Guardia Civil y toparnos de frente con el recinto de conciertos, tuvimos un pequeño malentendido con los campings y las pulseras, pero se solucionó fácilmente: dos horas después de nuestra llegada y cruzando unas 3 veces el dichoso puente rojo. Vamos ya por las 6 de la tarde y por fin estamos en el camping.

[Nótese que yo llevaba desde las 6:30 de la mañana despierta para coger el tren y llevaba sin echarme nada al gaznate desde las 9:30.]

Al fin encontramos un pequeño hueco para nuestra mini-tienda (lo de mini no es capricho mío, más de uno y de dos nos preguntó cómo podíamos dormir dos con colchonetas y trastos en una tienda tan diminuta). Justo enfrente teníamos unas chicas de Chile  y por las otras dos partes (porque la tercera daba al camino) estábamos rodeadas de guiris. Lo de montar la tienda no fue nada complicado. El problema vino a la hora de clavar las piquetas. Ni un alma cándida pasaba por allí y allá que fui yo, bajo un sol de justicia, con mi maña y poca fuerza. Como ya he dicho, no había comido desde hacía más de 7 horas y a la segunda piqueta casi me desmayo… El resultado fue: una piqueta bien clavado, dos a medias y otras sin poner. Visto el panorama, no está mal para ser la primera vez.

Tras comer, aproximadamente, a las 7 de la tarde, no dirigimos al recinto de los conciertos. Nosotras llevábamos el horario de los mismo sacados de una web, pero nos enteramos que allí los vendían (creo que a 0,5€ o algo así) y que para conseguir vender más dentro del recinto sólo ponían los horarios del día, no de los días siguientes… El viernes nos esperaban, nada más y nada menos, seis conciertos. A los primeros que vimos fue a Nudozurdo (vale, tocar no tocan mal, pero no sé cómo cantan porque al principio no sabía en qué idioma lo hacían –y eso que sabía que cantaban en castellano- pero es que después cuando pillaba palabras sueltas se oían tan bajito que vete a saber…). Después fuimos a indagar y vimos a Paris Riots y The Undertones. El concierto de los primeros, aunque corto, estuvo muy bien. Los segundos me recordaban a la típica banda de rock de los 70 (no era difícil dilucidar que realmente eran una banda de los setenta -y con 35 años de giras a sus espaldas- si tenemos en cuenta que la edad media de sus componentes estaba cercana a los 50). Sonaban a eso mismo, a rock del de siempre, a buen rollo y a querer mostrar lo que es la buena música. Raudas y veloces volvimos al escenario Maravillas para coger sitio para ver a los Strokes, sí, faltaban horas, pero ya lo dice el refrán: más vale prevenir que curar. Allí disfrutamos de Brandon Flowers que, que queréis que os diga, a mi me gusta más en The Killers que sólo. Es que sólo suena muy… muy… igual y poco cañero. Terminó el concierto con una canción de The Killers (Mr Brightside), pero no fue suficiente para redimir el hartazgo que llevaba una encima. Después llegó Elbow. Yo había escuchado el disco y la verdad es que el tío tiene una voz que acojona, pero en directo no me impresionó tanto la voz, aunque si la que la gente estuviese tan entregada y que nos dirigiese a su aire haciéndonos corear “oes” y mover los brazos a su antojo. Y después… The Strokes que habrieron con New York City Cops y desbordaron todas las expectativas. Después de su concierto (en el que no hubieron vises, pero sí una canción de Nirvana de fondo cuando se marcharon del escenario –Territorial pissings,-) tocaba descansar.

[Antes de continuar, hago un inciso para descojonarme de la crónica de Antena3 sobre los conciertos del viernes (anonadada me hallo) y darle una ovación y hacerle la ola a la crónica de Rolling Stone sobre los mismos. La de Rolling Stone del sábado no me gusta, así que no la pongo.]

Continúo. Vuelta a la mini choza, nos tentaron las duchas y las hipercongeladas botellas de agua de litro y medio que vendían en el camping. Sucumbimos a las segundas y cenamos un bocata de tortilla, nos “acomodamos” en la tienda e intentamos dormir. Yo casi salgo a hacerle un altar a un chaval que puso a unos en su sitio. No sé qué hora sería, porque no tenía fuerzas ni para mirar el reloj, sólo sé que se escuchaba de fondo un remix de Take me out (o Do you want to, que segura tampoco estoy) de Franz Ferdinand y que unos no paraban de dar berridos sin ton ni son hasta que un chico les cantó las cuarenta  y se callaron (la verdad es que y pensé que iba a ser peor el remedio que la enfermedad, pero no fue así). A las 9:30 de la mañana, un calor asfixiante nos indicó que el sol había empezado a posarse sobre nuestra pequeña tienda de campaña y con la rodilla medio jodida por haber dormido mal, salí de la tienda escopetada. ¡Aquello era infernal! No sé como había gente que tenía la tienda al sol y seguí durmiendo… Eso sí, el agua (fría, of course) de las duchas era lo mejor. Al principio costaba meterse, pero una vez dentro ¡hubiese estado allí horas! Pero tampoco había que pasarse. Así que nos fuimos al pueblo y, además de sorprendernos de que es muy pequeño (pero muy, muy pequeño, que cuando digo que tenía tres calles… no me equivoco tanto), nos sorprendió que en lugar de la típica tapa (véase olivas, frutos secos, etc.) nos pusieran para acompañar dos refrescos, sendos cruasanes.

La hora de la comida fue otro episodio. Encontramos un bar que regentan unos chinos, pero no de comida china. El chico que nos atendió era del pueblo y claro, como éramos las únicas españolas por allí pues nos trató muy bien y nos dio agua fría (¡la china te cobraba más si la querías fría!). Los chicos que se sentaron a nuestro lado eran más que interesantes…  Y después de comer, tocaba dormir la siesta. Nunca hay que perder las buenas costumbres, aunque nadie nos dijo que sería tan complicado encontrar dónde dormir sin pasar calor, cosa que al final no conseguimos demasiado. Pero todavía nos quedaban fuerzas para el día grande. Fue ponernos la camiseta de los Arctic y cargarnos de energía.

Como el día anterior (bueno, no exactamente, que el sábado tuvimos visita y todo), nuestros primeros pasos en el recinto nos condijeron hacia el escenario Maravillas. Por el camino fuimos interceptadas por unas chicas que promocionaban (léase, vendían) un invento un tanto “peculiar”: unos cucuruchos de cartón para que las chicas podamos mear en cualquier parte. Los que me conocen saben que mi cara es un poema ante cualquier situación y lo hago sin malicia, pero la verdad es que me hubiese gustado ver la cara que puse porque no sabía ni qué decir ante tal producto… Llegamos al escenario y estaba Tame Impala (no hay mucho que decir). Después fuimos al escenario Fiberfib donde el día anterior habíamos descubierto a Paris Riots y ahora salíamos despavoridas ante la aberración de Astrud&Col·lectiu Brossa. Y de otro que también nos fuimos, aunque un poco más tranquilamente, fue de Spectrals. Así volvimos sobre nuestros pasos al escenario Maravillas para ver a Lori Meyers por enésima vez, tocando lo de siempre y haciendo los mismos comentarios. Estos tíos están hasta en la sopa ya mí me cansan. Cuando hagan algo nuevo que me avisen. Bueno, la verdad, no hace ni falta. Tras los españoles llegaron Mumford&Sons con su peculiar sonido folk. He de reconocer que durante el concierto pensé (y dije) que le pegaba bien que pasase una bola de esas de arbusto seco de las películas del oeste… Fuera bromas, suenan bien. Bien, más que bien sonaron los Arctics justo después, pero antes, un alto en el camino, justo el suficiente como para comprar unos Kebabs por 6 eurazos. No, no eran caros si tenemos en cuenta que eran rollos y no cerraban de la cantidad ingente de carne y cebolla (porque el resto de verdura escaseaba) que contenían. En ese mismo alto en el camino y gracias a nuestras camisetas del susodicho grupo de Sheffield nos encontramos con un madrileño que había perdido a sus amigos y tuvimos una corta pero intensa conversación en inglés. Tras señalar, pulgar en alto, nuestras camisetas y decir “good, good” preguntó lo siguiente:
–         Where’re you from?
–         We’re from Spain
–         ¡Nos ha jodio!

Esta no fue la única conversación que mantuvimos, evidentemente, pero fue graciosa la cara que se nos quedó a todos al ver que éramos españoles y pensábamos que no. Justo antes de comenzar el concierto y de los Arctics y a pesar de que él también llevaba la camiseta del grupo puesta, nos dijo que le parecían un poco prepotentes, que Alex Turner lo era y que iba de Dios. Volvió a comentarlo cuando pusieron Sexy thing para salir al escenario. Después se trago sus palabras y reconoció la evidencia. Uno más para el redil.

Esto no es nada comparado con la gente que llegó a haber el sábado en el escenario Maravillas

Me centro en el concierto y voy terminando que esta entrada se está haciendo eterna. El ritmo que marcaron los Arctic Monkeys no era trepidante, era casi imposible de seguir. Las canciones duraban unos dos minutos y sin apenas descanso fueron enlazando unas con otras. Brutal. Los había visto ya, pero ésta vez fue mejor que la anterior y eso que ya no tocan Balaclava (creo que no lo hicieron porque si de por sí la canción ya es rápida, Turner se ahogaría intentando pronunciar más rápido de lo que ya lo hace) y siguen sin tocar Mardy boom, bueno, me empiezo a acostumbrar a ello… Ahora bien, lo de verle bailar La macarena, sí, sí, la canción de Los del Rio, ¡no tiene precio! Que nadie se espere que la baile con entusiasmo y pasión, pero bailarla, la baila. Después de una hora de concierto, llego el momento de irse del escenario y volver –convirtiéndose en el único grupo que vi que tocó vises y cuyo concierto fue más largo- para acabar con la poca voz que nos quedaba (y con mi pobre rodilla) y  currarse el mejor final posible. Y 505 de colofón, para no perder la costumbre. Eso sí, tengo tres pegas (y no son ni de las canciones ni del grupo, sino de la gente): primero, se montaron dos corrillos a derecha e izquierda de guiris borrachos y pasados hasta no se sabe dónde pegándose empujones como salvajes que daba miedo (sobre todo por encontrarnos justo entre ambos), una cosa es pegar empujones y querer pasar aunque no haya hueco y otra es monta un ring de lucha libre; segundo, personas que lanzáis vete a saber qué líquido (no quiero ni pensarlo) por encima de la gente… si es cerveza, no la malgastéis y si no lo es… ¡Metéroslo por donde os ha salido!, y, tercero, descamisados-hipermegasudados me da asco que os refreguéis en mis brazos al pasar…

Como he dicho antes, vuelvo al madrileño con el que comenzamos en inglés y terminamos entre inglés y castellano. Después del concierto nos fuimos con él y conocimos a sus amigos, a un canario que estaba pirado, a dos gallegos con un acentazo que flipas, a un australiano pasadete y pesado al que no le entendía nada (y ni creo que él mismo supiese qué estaba diciendo –tampoco se daba cuenta de que iba enseñando medio de todo por allí…-), y a varios galeses. Pasamos un buen rato por allí viendo a Russian binoculars y a Squeleton entre otros personajes de la noche. Pero la noche tocaba a su fin y volvimos a nuestra peque tienda. Yo dormí como un tronquete y no me desperté hasta que el sol abrasador de las 9:30 de la mañana me envió directa a la ducha. Ese día tocaba recoger y ver los últimos conciertos… Daba mucha pena irse…

La verdad es que el tercer día fue light, pero lo agradecí en parte porque mi rodilla no daba para más. No podía saltar, ni casi hablar de lo reventada que estaba. Eso sí, la siesta que nos pegamos fue buenísima (ya tenemos sitio para la próxima vez, si la hay…). En cuanto a conciertos, vimos sólo dos: 1) The Coronas from Ireland (lo de la procedencia viene por un pequeño problema con The Coronas españoles por tener registrado su nombre y demás rollos burocráticos y de propiedad), fueron todo un descubrimiento, y 2) CatPeople, era la segunda vez que los veía y me gustaron menos que la anterior. El disco deja que desear quitando dos o tres canciones, seguramente también tiene que ver que un concierto con el sol fuera… no es lo mismo.

Hasta aquí mi estancia en la decimoséptima edición del FIB. Quedaron grupos por ver (principalmente Beirut –en la estela de Kusturica- y Arcade Fire –que sólo me gustan cuando cantan en inglés y no en francés, pero bueno-) en el tintero, bien por coincidir en horario o por tocar el domingo por la noche… Pero quejarme de ello, no me quejo. De mi paso por los conciertos de Benicàssim tengo que añadir que me sorprendió ver a familias acudir en comandita: padre, madre e hijo adolescente e, incluso, padre, madre y niño con chupete (¡!) También me sorprendió ver a gente mayor. Léase, mayores de 50 tacos. Se me hace imposible imaginar a mi padre en semejante fregao. Por lo demás, tan sólo añadir que la organización se lo curra bastante y que, a pesar de las aglomeraciones masivas en los conciertos de los cabezas de cartel, se puede estar más o menos a gusto disfrutando de los conciertos. La pega: el precio de las entradas… pero merece la pena pagarlo por los grupos y por la calidad del sonido.

PD: la entrada no tiene casi fotos (ni mucho menos vídeos) porque sino sería mucho más eterna de lo que ya es.

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No, no hablo del album de Iggy Pop quien, por cierto, actuará en los Jardines de Viveros en Valencia el 9 de julio (las entradas salen a la venta el 21 de marzo por 40€). Tampoco hablo de un pub de San Diego (EEUU) con el mismo nombre (¿por la publicidad me pagaran algo?). Hablo de los Arctic Monkeys.

Brick by Brick es la primera canción que se conoce de su cuarto album Suck it and see (la traducción la hacéis vosotros que no queda muy decorosa…).  La banda de Sheffiel colgó el vídeo de la nueva canción el 4 de marzo en su página web y desde ese momento todo son opiniones encontradas. Y barbaridades varias.

Aquí tenéis el vídeo. Juzgar por vosotros mismo y, como siempre, se aceptan todo tipo de opiniones. Yo ahora doy la mía.

La letra (escasa) de la canción aquí.

¿Se están volviendo más americanos? Puede, un poco surferetes están. Aunque suena bien. ¿Más comerciales que con Humbug? Sí, sin duda, la frase: “I wanna rock’n’roll” es todo un comodín, como ponerle de título a una canción “My generation”.

La primera vez que la escuché no parecían los Arctics, pero esto es como no decir nada porque todavía hoy cada vez que oigo Humbug no me parecen los Artics. Ahí está la gracia. Si siempre hiciesen lo mismo sería un aburrimiento. Ya está bien de martirizarlos diciendo que han perdido el norte, que para qué buscar otro sonido si ellos ya tenían uno. Pues joder, para eso mismo: para no encasillarse y dar siempre lo mismo que después nos quejamos de todo. Al final me tengo que poner seria.  Además, si me pongo a buscarle parecido suena de lenta como Cornerstore que, mira tu por donde es de Humbug pero, sin embargo diferente. Si, suena rara, pero suena bien. Vuelven con fuerza las guitarras y falta letra, no lo voy a negar. Suena sesentero y la voz de Alex Turner espero que se oiga más clara en el resto de canciones. Pero es un adelante, es un: “Seguimos aquí. Estamos trabajando en algo nuevo y diferente”. Creo que un buen aperitivo de un álbum que espero impaciente.

Algunos incluso comparar los dos singles que The Strokes ha sacado (el disco sale el 20 de marzo) con éste de Arctic Monkeys. Under Cover of Darkness todavía, pero You’re so right no sé por dónde cogerla… Así que sí, estoy de acuerdo con ellos (y eso sabiendo que no me tengo que meter en estos fregaos). Además, Brick by Brick es pegadiza y engancha. Eso siempre es un punto a su favor (el otro es el sonido de la guitarra).

Y ahora, algunas burradas que he podido leer al respecto de la canción: suena a The Doors o a The Who (así, en genérico… pues hombre, no), se parece a Jimmy The Exploder de White Stripes (éste se ha tirado a la piscina sin flotador, porque que alguien me diga dónde está el parecido) , a Doorman de Stereophonics (más de lo mismo), a Kasabian (en general no, pero si te pones a hilar fino le puedo ver un mínimo parecido con Fire por aquello de las repeticiones y el tono calmado), a The Beatles (aquí puede que algo, no sé hasta que punto, pero esto es casi sacrílego), The Coral (otro que va a lo bestia. A mi estos me suenan más country que roqueros, pero a saber), Supergrass (si es porque el vídeo de Alright empieza con un disco girando en un gramófono… sí o por el tono de St. Petersburg…). En la mitad he aceptado pulpo como animal de compañía, porque hay que rebuscar y todo ello teniendo en cuanta lo que he oído de cada uno, que nadie se mosquee.

PD. No sé qué obsesión tienen los Arctic Monkeys con los ladrillos, ya van dos canciones en las que aparecen: Old yellow bricks y Brick by brick.

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MTV Winter 2010


Por tercer año consecutivo fui al MTV Winter Valencia 2010!! En muy buena compañía, cómo siempre!! 

La verdad es que tenía ganas de ir incluso antes de saber el cartel completo del concierto. Cuando me enteré de que iban a tocar los Arctic Monkeys (allá por diciembre) empecé a marear un poco a la gente para que se viniesen. Este año, además, era sábado, así que no me podían poner tanta excusas como el año pasado……. Aunque la excusa llegó sola: la lluvia y el mal tiempo. Mai plou a gust de tots!

La lástima es que este año no tengo fotos porque me jugaba perder la cámara en el intento. Cuando llegaron cinco o seis hooligans de los Arctic de unos 50 y pico tacos arramblando con todos los que estabamos aprisionados como latas de sardina y empezaron a empujar y empujar… aquello ya fue agobiante de más. Los tío se sabían todas las canciones y pegaban uno berridos que pa’qué pero aquello no era normal. A ver, está claro que en un concierto te van a empujar y va a haber gente pasando para fuera y para dentro hasta que se acabe (e incluso después también, para molestar mientras todos intentan salir), pero lo que no es normal es que la gente intenta pasar cuando no hay un hueco mínimo ni para respirar… que a mí, si tengo delante o veo que hay hueco, pues que pasen, pero si estamos pegados y sin poder movernos, pues mira, si llegas tarde o te has salido ahora te aguantas porque por mucho que empujes no vas a pasar.

De lo que me he dado cuenta es de que en los conciertos hay varios especímenes dignos del mejor análisis, así que, vamos a hacer uno escueto:

Niñería: pandas y pandas de crío de entre 14-17 años que van con tirantes aunque haga un frío que pela, que se pintan la cara con el nombre de grupos que ni conocen y que sólo lo hacen para ver si así los saca la cámara. Lo “mejor” de todo es cuando antes de empezar el concierto se ponen a cantar canciones de El Canto de Loco y sucedaneos…
Fans: aquellos que con el escaso espacio vital de que disponen disfrutan del concierto (o lo intentan), bailando, botando y cantando/berreando las canciones aunque sea chapurreando/aporreando el inglés.
Hooligans: aquellos que, se sepan o no las canciones o les guste o no el grupo, empujar a todo el que se les pone por delante, sin distinción, al grito de: ¡vamos, vamos, vamos! y que después se giran cuando todos les miran con cara de asesinos y culpan a los cuatro críos que están detrás cantando y pasándoselo bien. Lo pero es que algunos de estos hooligans tiene ya unos añitos de más y siguen haciendo el capullo más que cuando tenían 15 años….
Borracho-drogado-pasadísimo: aquel/la que antes de empezar el concierto ya no sabe ni dónde está ni qué hace allí. Véase el ejemplo del guiri que ayer fumaba un cigarro apagado y que no conseguía encenderse uno nuevo tras acabar el anterior en el suelo e intentar cogerlo sin éxito.
Gente de bulto: aquel/la que va por ir y que, al final, puede que incluso le guste y piense en volver el año siguiente o, al menos, en descargarse/comprar algún CD.
Tocapelotas: aquel que, tras pasar quince veces hacia delante y hacia atrás, se mosquea porque dice que quiere ir a primera fila donde estaba (ja!) y no le dejas. Pues hombre… como decirte, si yo estuviese en primera fila no me movería de allí y si te mueves no vuelves cuando van a tocar el grupo grande, vuelves antes, pringao!.
Protectores de novias que no saben que al final la misma les va a dejar por otro: aquel que, con su brazo, protege al fideo/escoba que tiene por novia para que los demás no le hagan ni un rasguñito. El problema es que, en un concierto, sabes que te van a pisar y a empujar (dentro de uno límites normales), así que, Schwarzenegger de gimnasio de barrio aparta tu bonito brazo de mi o te comerás mi codo cada vez que salto!! Porque a ver, si no quieres que le hagan nada a tu novia pues no la lleves al concierto que encima estaban allí en medio sin moverse ni nada… pues pa’ qué vas!! Aain….
Los que vamos por tradición: aquellos que, como yo, hemos ido al primero y segundo MTV winter y que, pa’ qué lo vamos a negar, vamos a ir al tercero, cuatro y quinto vaya quién vaya!! Además, tenemos la excusa perfecta: nos gustan los grupos que traen!!

Y seguro que me dejo muchos más, pero estos son los que ahora recuerdo, estos son algunos de los especímenes con los que me topé ayer.

Por cierto, mira que lo tengo dicho desde el primer MTV: ¿dónde se ha visto que en un recinto en el que caben más de 35.000 personas sólo haya dos entradas y dos salidas (al final y una en cada lado)? Pues eso, que se montó ayer una abalancha para salir que era por demás. Tienen que habilitar más, así es imposible…. que si alguna vez pasa algo, no me lo quiero ni imaginar la que se armaría para salir….

Y ya para ir terminando: ¿cómo es posible que el año pasado hubiesen más personas (38.000) que éste (35.000) y que éste año fuese imposible moverse? es una duda existencial. El cartel no animaba demasiado (los Arctic vale, pero no había ningún otro grupo conocido…….) y el tiempo tampoco ayudó demasiado, pero auna sí, la combinación Franz Ferdinand, Mando Diaio y Star Sailor fue mejor!

Ahora sí, termino con esto: me gustaron mucho los Arctic Monkeys, el resto eran bastante flojillos (se salvaban un poco los Mystery Jets -recordaban mucho a Keane-), pero lo que no les perdono es que no cantarn Mardy Bum!!! ¡¡¿Dónde se ha visto??!!


–> En el vídeo, el cantante (Alex Turner) lleva el pelo corto, ahora ya no, pero sigue teniendo la misma cara de crío!! Todos tiene sólo uno o dos años más que yo!!

PD1: Lo de estar apretujados vino muy, pero que muy bien para soportar el frío que hacía!! (cinco capas de ropaaaaaaa!!!)
PD2: Aquí os dejo la crónica de El Mundo sobre el concierto.
PD3: Sí, me quedé los papelitos-confeti que cogí en el concierto…. jo… eran tan monos!!

 

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