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Posts Tagged ‘Ana Pastor’


Una de mis “pequeñas joyas de arte” insertada en los apuntes

Desempolvo los apuntes de primero de Periodismo y con ellos muchos recuerdos. Busco en concreto los de Teoría y Tecnología de la Comunicación Escrita y se me dibuja una sonrisa al ver entre las hojas dibujos de palmeras y caracolas (una vez llené una pesa entera con caracolas de Tipex… no es que la clase no me interesase, simplemente sucumbía lenta y plácidamente al descenso del periodo de atención activa).

Imparcialidad vs. Objetividad

Rebusco, como digo, entre los apuntes, para poder aportar una definición académica sobre imparcialidad y objetividad. Ahí va:

La objetividad es, para Francesc Burguet, la cualidad de los objetos y como tal se puede contraponer a la subjetividad que es, por ende, la propiedad característica de los sujetos. De ahí que el autor prefiera hablar de imparcialidad en lugar de objetividad. Además, la imparcialidad tiene implicaciones éticas y profesionales. El periodista, como sujeto, sólo puede aspirar a la imparcialidad. Es decir: no debe desinformar y ha de realizar bien su trabajo, contrastar la información que maneja, etc.  El autor remarca que el determinante de la imparcialidad es el ejercicio de la profesión periodística, el periodista como intérprete de la realidad y como redactor de la información.  Así, por muy imparcial que se quiera ser, detrás de toda noticia hay un sujeto, un punto de vista [no tiene porqué implicar manipulación] y el uso del estilo impersonal no garantiza la imparcialidad.  Ello lo garantizará la responsabilidad y la actitud ética que hay detrás de cada información comunicada.

Y todo esto ¿para qué? Evidentemente por las declaraciones que ésta mañana ha realizado Mª Dolores de Cospedal, número dos del PP y candidata a la presidencia de Castilla-La Mancha, en Los Desayunos de TVE1 (vídeo aquí).

Es hablar de parcialidad, falta de objetividad y, en definitiva, de manipulación y los ejemplos de varias televisiones públicas me rondan la cabeza. Sobresalen Canal9 y TeleMadrid. Sin embargo, si nos centramos en TVE, su historia también se ha visto ensombrecida por la sombra de la manipulación informativa y el partidismo. Ana Pastor zanjaba el tema sentenciando: “Las encuestas y premios recibidos por esta casa no dicen que sea la televisión de otras épocas”. ¡Cuánta razón!

Cospedal arremete contra TVE  mientras Aguirre le da una colleja a Rajoy

Y con el lógico respeto a la presunción de inocencia penal. Creo que, cuando un juez sospecha que un político a utilizado su cargo para su proyecto personal, existen responsabilidades políticas que hay que sustanciar (sic y, aunque tiene sentido así, creo que quiso decir subsanar) y así lo hemos hecho en el Partido Popular de Madrid y ésta lista es otra prueba de ello (Fuente: elmundo.es).

Estas eran las palabras de Esperanza Aguirre al respecto de la composición de la lista electoral del PP de la Comunidad Madrileña. Tal y como ha comentado en Los desayunos Nativel Preciados, Aguirre es muy “hábil” y, esto ya lo añado yo, sabe darle a Mariano Rajoy dónde más le duele. El dirigente del PP ha actuado como marioneta ante la cúpula de los populares valencianos desde que el pasado verano Camps anunciase que sería él el candidato a la Presidencia de la Generalitat por el PP antes de que Génova se hubiese pronunciado al respecto. Rajoy tuvo entonces que tragarse a Camps con patatas. Pero la historia viene de antes, de mucho antes, del momento en que Rajoy fue elegido secretario general del PP. De ahí nacen también los extraños episodios de pataleta de Costa y las declaraciones de sus familiares al respecto de tirar de la manta del PP valenciano.

Vuelvo a las declaraciones de Aguirre que la política valenciana es un camino sin retorno. Lo que hace falta, por parte de todos los partidos políticos, es dejarse de esgrimir diferentes criterio hacia los imputados dependiendo de si son de su partido o del de la oposición. Y, aquí, vuelvo a  Cospedal, quien ésta mañana  ha vuelto al mismo argumento de siempre: “hay que ir caso por caso”. El” ¡y tú más!” continúa y no va a hacer ningún bien a ningún partido, ni mucho menos a la política en general.

Los políticos suelen ver la parcialidad y la manipulación de los demás, pero no la propia.  Y aquí vuelvo a la entrevista de ésta mañana.  Miguel Ángel Liso, director Editorial del Grupo Zeta, ha preguntado Mª Dolores de Cospedal sobre su opinión al respecto de la acusaciones de manipulación y parcialidad que el PP viene vertiendo desde hace unos meses sobre TVE. Cospedal, después de asegurar que la campaña del PP contra el prestigio de TVE tiene menos repercusión de la que al partido le gustaría, ha dado su opinión: “no se ve la imparcialidad que debería tener una televisión pública como TVE. No está siendo desde el punto de vista informativo, una televisión pública como debería de ser”. Tras la intervención de Cospedal y por las alusiones evidentes, Ana Pastor le increpa ahora sobre el modelo a seguir y le sugiere algunos como Canal9, TeleMadrid o CanalSur. Cospedal sólo dice que el modelo es la imparcialidad (que no es un modelo en sí, sino una característica del mismo) y la secretaria general del PP le responde: “una televisión pública pagada por los impuestos de todos los ciudadanos, la televisión pública nacional, debería presumir de que todos sus servicios informativos y sus instrumentos (¡!), programas de información política sean de una objetividad meridiana y una imparcialidad meridiana”, y apostilla: “creo que a veces las informaciones de TVE dejan mucho que desear en el ámbito de lo político”.

Ana Pastor aparentemente zanjó el tema aludiendo a las buena opinión de los espectadores y de los propios periodistas sobre TVE y dio paso a Esther L. Palomera (periodista de La Razón, Cadena COPE e Intereconomía) quién verdaderamente acabó por sentenciar la disputa: si las críticas no tienen el eco que el PP quiere, tal vez es que todos los medios son partidistas y poco objetivos en lo tocante a política.

Sé que es un debate muerto y sin interés real, pero es un debate clave, puesto que los medios de comunicación son el eje central de la formación de una opinión pública verdaderamente informada y capaz de posicionarse en el ámbito político con todas las consecuencias.

Finalizo con una última vuelta a las palabras de Burguet al decir que el estilo impersonal no es signo de imparcialidad y enlazo con Cospedal quien ha remarcado, cuando se le increpaba al respecto de su opinión a cerca de TVE, que ella trata de hablar de forma tranquila y respetuosa, contestando a las preguntas de los contertulios. Otro argumento que se va el desagüe. Por el momento, muy pocos argumentos de los partidos políticos (no del bipartidismo, sino del conjunto) se salvan, espero que la situación cambie durante el año que nos queda para las generales. A un mes de las autonómicas y locales no espero milagros.

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La semana pasada asistimos a una lección de periodismo de Ana Pastor, pero también a una lección de protagonismo innecesario de la presentadora, todo hay que decir, no demasiado excesivo. Tras su brillante entrevista a Mahmud Ahmadineyad en Los Desayunos de TVE1 y su vuelta de Irán, Ana Pastor realizó una serie de entrevistas y visitas a medios de comunicación que, desde mi punto de vista, eran totalmente prescindibles. Cito (en realidad copio, pero queda menos fino dicho así) literalmente unas frases que publicó ayer Erik en su blog: “Un poco excesivo para un trabajo que debería ser el normal de nuestro periodismo. Lo que pasa es que estamos tan acostumbrados a Milás, Mercedes que se creen Lorenzos, que cualquier cambios nos atrae… ¡Ehh ha hecho una pregunta incomoda!”. No llegaré a decir que ha hecho lo mismo que los concursantes de Gran Hermano cuando se pasean de plató en plató contando las miserias que ya han quedado expuestas ante los ojos del mundo sin ningún barniz de vergüenza, pero si me parece excesivo. Visitó Buenafuente, El mundo, donde tuvo un encuentro digital con los lectores, además de entrar en directo desde Irán en el programa Asuntos Propios de RNE el mismo día de la entrevista.

Es innecesario, pero también necesario. Innecesario porque un periodista hace su trabajo preguntando y no siempre las preguntas son cómodas y porque si en lugar de una periodista (aunque aquí no importa el sexo) estuviésemos hablando de un fontanero que realiza su trabajo a la perfección día tras día, no recibiría la atención de nadie; y necesario para hacernos ver que el trabajo bien hecho (léase periodismo de calidad y también cualquier otra profesión) tiene seguidores. No, no hablo de lo mal que está la televisión, de la precariedad laboral, ni de la mala prensa que tiene el periodismo. Hablo de los valores y el equipo que hay detrás de cualquier trabajo bien hecho. En el caso de la televisión, en la práctica totalidad de las ocasiones nos olvidamos de lo que hay detrás de las cámaras. La televisión no la forman los periodistas y comunicadores que vemos día a día, la forman además miles de personas que no vemos pero que sin su trabajo sería imposible la realización de un programa. Cámaras, regidores, técnicos de luz, técnicos de sonido, peluqueros, maquilladores, realizadores, recepcionistas, electricistas, modistos, guionistas y un sinfín de etcéteras. Un presentador no es nadie sin todo el equipo que trabaja para que él puede aparecer en antena perfecto, con el guión (de haberlo) preparado y bien encuadrado en el plano.

Y esto no ocurre sólo en el periodismo. Muchas veces no somos conscientes de lo dependientes del resto que somos. Si falla un eslabón de la cadena se va todo al garete. Todos dependemos de todos. El mejor ejemplo que tenemos, por desgracia, en estos momentos es el del pueblo japonés: son una piña tratando de sobreponerse a lo ocurrido, realizando apagones voluntarios para evitar que empeore la situación, huyendo de la devastación sin olvidar que hay gente que lo ha perdido todo. No voy a caer en el tópico que tanto se oye últimamente de “si esto hubiese pasado aquí…”, porque aquí hemos demostrado que también podemos actuar como una piña sin importarnos procedencia, idioma o ideología, cuando se trata de ayudar ante una catástrofe de cualquier índole somos los primeros en remangarnos y tender una mano y si es necesario las dos. Ya lo hicimos cuando el Prestige y lo volvimos a hacer con el 11-M. Somos muy dados a derrotismo y pillería, pero también somos solidarios. Las generalizaciones, como es habitual, no llevan a ninguna parte.

Me he vuelto ha desviar del tema. Intentaré corregirme en próximas entradas. Sin embargo, no puedo terminar ésta sin volver a la entrevista de Ana Pastor al presidente Iraní. Concretamente, sin atender a las circunstancia que rodeaban la entrevista y a una de las declaraciones de Ahmadineyad sobre lo negativo que sería una intervención internacional (occidental) en Libia y otros países árabes dónde se están produciendo revueltas populares en pro de la libertad y en contra de la tiranía de dictadores acérrimos. Sin olvidar, claro está, el último movimiento de la ONU tras dar luz verde a la creación de una zona de exclusión aérea y a las represalias de Gadafi contra sus paisanos nada más conocer la noticia. Vuelvo, además, a hacer referencia a Ana Pastor, ésta vez en el programa de Buenafuente, cuando habla de la hipocresía con la que occidente está actuando contra Gadafi (y también lo hizo contra Ben Ali o Mubarak) mientras hace tan sólo unos meses se fotografiaban con el dictador y le ofrecían su apoyo. Voy más allá, al petróleo y a los intereses geopolíticos-geoestratégicos. Y, más todavía, a la barrera cultural que separa oriente de occidente. En estos momentos occidente debería preguntarse: ¿somos los más apropiados para dar ejemplo?

Antes de felicitarnos por dar libertad a las gentes debemos preguntarnos qué harán con ella.

Edmund Burke (escritor irlandés, 1729-1797)

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Jalabad, 1997. Una periodista británica sube al coche de un joven afgano que no deja de manosear su Kaláshnikov. La carretera de Kabul es una ilusión óptica plagada de piedras y desfigurada por los desfiladeros y barrancos del terreno. El afgano conduce a la curtida periodista por lugares que no aparecen en ningún mapa.  La noche se cierne sobre el desierto cuando llega el momento de realizar el primer registro. Todo bien, pueden continuar su viaje hacia la guarida de Osama Bin Laden. No es la primera vez que la periodista realiza una entrevista de tal envergadura, pero ésta vez será diferente. Será diferente porque no va a importar lo que se diga, sino lo que se haga. Atraerá más la atención del público que la periodista se rompa una uña durante el trayecto que las respuestas que obtenga del entrevistado.

La historia que cuento es ficticia en cuanto a su protagonista. No fue una periodista, sino el periodista Robert Fisk (The Independent) el que realizó la entrevista a Bin Laden y posteriormente puso sobre el papel sus impresiones en el primer capítulo de La gran guerra por la civilización. La conquista de Oriente Próximo. Es evidente que a lo que verdaderamente hago referencia es a la entrevista que Ana Pastor realizó ayer en Los Desayunos de TVE al presidente de Irán, Mahmud Ahmadineyad. No estoy comparando la entrevista de Fisk con la de Pastor, pero sí pongo el acento en el trato diferente, en la mediatización de una anécdota que ha acabado quitando el protagonismo a lo verdaderamente relevante.

He exagerado un poco al inicio, pero es que estoy harta de tanto protagonismo y frivolidad barata. La propia Ana Pastor corrigió a Toni Garrido cuando éste conectó en directo con ella por la tarde en el programa Asuntos Propios (RNE). Ana Pastor destaca que el protagonista es Ahmadineyad, no ella; que la entrevista se ha realizado en una televisión pública que apuesta por la información, y que el hecho del pañuelo es simbólico y por ello no debe eclipsar la entrevista (lo importante no es el velo). Además, me quedo con la reflexión que hace sobre que una entrevista es igual sea quién sea el entrevistado.

Conexión desde Teheran con Ana Pastor en Asuntos Propios (RNE)

Como dice Garrido: Ana Pastor es un ejemplo, un ejemplo de buen periodismo, de humildad y profesionalidad. El periodista nunca es la noticia. En ningún medio, ni siquiera en televisión.

La entrevista completa se puede ver aquí.

Lo que los espectadores e internautas hemos podido ver es un verdadero duelo de titanes. Un político, de por sí, suele ser difícil de entrevistar porque es una persona acostumbrada a ello y, además, suele tener un discurso invariable, cerrado: no se salen del guión o no suelen hacerlo porque ello no sólo les incumbe a ellos como personajes públicos, sino a la institución que representan y al partido político al que pertenecen. Y repito y sigo manteniendo, una entrevista es igual sea quien sea el entrevistado, pero los políticos en intentar que el periodista no haga su trabajo, sino que siga la línea que ellos quieren. No ocurre sólo con políticos, aunque es el ejemplo más visible. Ahora bien,tratándose del presidente de un país islámico, siendo la periodista mujer (esto sólo tiene importancia por lo anterior) y analizando la entrevista, puedo afirmar (sin ningún tipo de duda) que estamos ante una entrevista brillante.

A Mahmud Ahmadineyad se le puede calificar de mucha maneras y se le puede criticar mucho, pero lo que no se puede negar es que sabe enfrentarse a un periodista. No voy a entrar en ese aspecto puesto que tampoco tengo un dominio sobre el mundo islámico suficiente para ello y prefiero no hablar de temas que desconozco. Eso sí, me gustaría destacar varias de sus respuestas en la entrevista.

Es inevitable tener la sensación de haber oído el discurso de Ahmadineyad antes, no me refiero al mundo islámico, sino a occidente. Es un calco al discurso anticomunista de los EEUU durante la Guerra Fría. Se trata del discurso del telón de acero traducido a la dicotomía oriente-occidente. El presidente iraní es todo un profesional a la hora de  balones fuera, de culpar al otro de los propios males. Las acusaciones del dirigente iraní son correctas, muestran la doble moral occidental: primar los intereses económicos y políticos frente a los sociales, es decir, primero el dolar (petróleo, materias primas…) y después el pueblo (cuando las cosas se vuelven en su contra). Sin embargo, el discurso de Ahmadineyad son toda una clase de cómo darle la vuelta a la tortilla: si occidente ataca sus actuaciones, él se encara a occidente recordándole que él tiene parte de culpa en la situación y que puso de su parte para que ahora las cosas sean como son. Una y otra vez, el presidente iraní ha insistido en la procedencia del apoyo y las armas con las que ahora se están matando en países como Libia. Ha sido claro al asegurar que EEUU y Europa tienen la culpa (o al menos parte de ella) en la situación y que una intervención militar directa en la zona empeoraría las cosas, como ya se vio en Iraq y Afganistan. Asimismo, ha afirmado que es el pueblo “el que tiene la soberanía y el que gobierna tiene que respetar los derechos del pueblo”. No creo que sea el más adecuado para dar lecciones de soberanía popular a otros teniendo en cuenta que varios dirigentes de la oposición se encuentran desaparecidos (como bien le recordó Ana Pastor en la entrevista), aunque sigue siendo significativo que sea él quien pronuncie dichas palabras.

Otro aspecto a resaltar es el ataque hacia la democracia occidental que realiza Ahmadineyad. El sistema democrático occidental es débil en muchos países donde está instaurado y en la mayoría del resto de países no se trata de una democracia propiamente dicha, sino más bien se trata de democracias aparentes bajo las que se esconden dictaduras de partido que contagia todo el sistema. Por ello, pocos, muy pocos países en el mundo pueden hablar de DEMOCRACIA e Irán no es, ni de lejos, uno de ellos.

Por último, destaco la valentía de Ana Pastor al recordarle al presidente iraní que ” los periodistas en España, no sé aquí, no estamos acostumbrados a responder preguntas, sino a hacerlas”. Valentía no por ser mujer y estar ante un dirigente islámico (que también), sino por defender su profesión y el ejercicio de la misma según las reglas del juego: la libertad de expresión y el trabajo bien hecho.

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