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Archive for the ‘Literatura y textos’ Category

Goya


“El sueño de la razón produce monstruos”

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Núvols



“No, no plores, no ho suportaria… Es com un dolç núvol  de cotó, com una boiraa fineta que va calant la meua ment, sols això.  No em fa mal, de debò mare, no em fa mal”.

“Abraça’m fort iaia, no tingues por i cuida’m, cuida’m molt…com sempre. Segueix contant-me com era tot, com segueix sent i com serà… parla’m i conta’m coses…”.

“No plores xiqueta, no plores…fer-s’ho en les pel·lícules per mi. Juguem juntes altra vegada i conta’m contes i fes-me pessigolles, riu amb mi. Llegeix els meus llibres i els que jo hauria volgut llegir. Posa un cobert més per a mi i prepara’m el dinar. Fes-me pensar i, si cal, obrir els ulls”.

“Papa, torna’m a ensenyar a voler el camp, torna’m a ensenyar com putjar en bicicleta, torna’m a enfadar contant-me el final de les pel·lícules…Porta a Canelo, al meu xic, a despertar-me tots els matins…”.

“No poses eixa cara, no vull veure cap persona trista d’ara en davant. Sé molt bé el que em passa, però no puc fer res per a evitar-ho, l’únic que puc fer i faré serà afrontar-ho i lluitar amb totes les meues forces… per intentar allargar la meua ment, per recordar cada instant passat, present i futur. No m’oblides, no ho faces si encara estàs a temps…”

“No esteu tristos, no vos estic oblidant, tant sols vos vull tant que vos amague dins de mí, molt dins, tant dins que arribarà un moment en què no vos puga treure i estareu dins de mí per sempre. Per favor, no vos enfadeu, feu-me eixe favor, si m’endinse a buscar-vos dins de la meua ment i, per això, no vos reconec o no vos puc parlar… Mireu-me als ulls i els voreu somriure cada vegada que esteu prop… No vos oblide, recordeu-ho per mi. Tant temps, tants moments no es poden oblidar en un bufit… Esteu dins, tant dins que la meua vista es gira cap al meu cor i no em deixa saber que esteu amb mí… Com un núvol que tapa la meua vista i vos fa borrosos… Recordeu-me per mi. Recordeu-vos per a mi. Renaixeu cada dia amb un somriure… il·lusió, amb paciència. Molta paciència. Jo seguisc aquí, igual que sempre: tranquil·la de més i rient-me i enfadant-me per tot.  Seguirem junts per sempre, no vos preocupeu… Seguiu… feliços i amb un somriure a la cara, per mi i per vosaltres. Sempre junts… els núvols… vos vull…”

No teniu perquè entendre-ho, ni jo sé si ho entenc…

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EL DESEO DE SER PIEL ROJA

Si uno pudiera ser piel roja,
siempre alerta, cabalgando sobre un caballo veloz, a través del viento,
constantemente sacudido sobre la tierra estremecida, hasta arrojar las
espuelas, porque no hacen falta espuelas, hasta arrojar las riendas,
porque no hacen falta riendas, y apenas viera ante sí que el campo era
una pradera rasa, habrían desaparecido las crines y la cabeza del
caballo.

 

Franz Kafka

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MAFALDA, LA CONTESTATARIA
Este es el prefacio de la primera edición italiana de “Mafalda, la contestataria”, un libro que recopilaba sus tiras, publicada en 1969. Aunque este prólogo no tenía firma, se sabía que lo había escrito Umberto Eco.
Mafalda no es solamente un personaje de historieta más; es, sin duda, el personaje de los años setenta. Si para definirla se utilizó el adjetivo “contestataria”, no es sólo para alinearla en la moda del anticonformismo. Mafalda es una verdadera heroína “rebelde”, que rechaza el mundo tal cual es. Para entender a Mafalda es necesario establecer un paralelo con ese otro gran personaje cuya influencia, evidentemente, no le es ajena: Charlie Brown.
Charlie Brown es norteamericano; Mafalda es sudamericana. Charlie Brown pertenece a un país próspero, a una sociedad opulenta a la que busca desesperadamente integrarse mendigando bienestar y solidaridad. Mafalda pertenece a un país lleno de contrastes sociales que, sin embargo, quiere integrarla y hacerla feliz. Pero Mafalda resiste y rechaza todas las tentativas. Charlie Brown vive en un universo infantil del que, en sentido estricto, los adultos están excluidos (aunque los chicos aspiren a comportarse como adultos). Mafalda vive en una relación dialéctica continúa con el mundo adulto que ella no estima ni respeta, al cual se opone, ridiculiza y repudia, reivindicando su derecho de continuar siendo una nena que no se quiere incorporar al universo adulto de los padres. Charlie Brown seguramente leyó a los “revisionistas” de Freud y busca una armonía perdida; Mafalda probablemente leyó al Che.
En verdad, Mafalda tiene ideas confusas en materia política. No consigue entender lo que sucede en Vietnam, no sabe por qué existen pobres, desconfía del Estado pero tiene recelo de los chinos. Mafalda tiene, en cambio, una única certeza: no está satisfecha.
A su alrededor, una pequeña corte de personajes más “unidimensionales”: Manolito, el chico plenamente integrado a un capitalismo de barrio, absolutamente convencido de que el valor esencial el mundo es el dinero; Felipe, el soñador tranquilo; Susanita que se desespera por ser mamá, perdida en sueños pequeño burgueses. Y después, los padres de Mafalda, resignados, que aceptan una rutina diaria (recurriendo a su paliativo “Nervocalm”) vencidos por el tremendo destino que hizo de ellos los guardianes de la Contestataria.
El universo de Mafalda no es sólo el de una América latina urbana y desarrollada: es también, de modo general y en muchos aspectos, un universo latino, y eso la vuelve más comprensible que muchos personajes de las historietas norteamericanas. En fin, Mafalda, en todas las situaciones, es una “heroína de nuestro tiempo”, algo que no parece una calificación exagerada para el pequeño de personaje de papel y tinta que Quino propone.
Nadie niega que las historietas (cuando alcanzan cierto nivel de calidad) asumen una función cuestionadora de las costumbres. Y Mafalda refleja las tendencia de una juventud inquieta que asume aquí la forma paradojal de disidencia infantil, de esquemas psicológicos de reacción a los medios de comunicación de masas, de urticaria moral provocada por la lógica de la Guerra Fría, de asma intelectual causada por el Hongo atómico.
Ya que nuestros hijos van a convertirse -por mérito nuestro- en otras tantas Mafaldas, será prudente que la tratemos con el respeto que merece un personaje real.

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Las palabras se quedan cortas para decir todo lo que siento“… que ironía más grande cuando uno sabe perfectamente (o eso cree) lo que siente, aunque sea contradictorio y, por ello, demasiado nítido. ¡Pobres ingénuos que no saben qué decir! Callar, eso no se les había ocurrido, leer más allá de las palabras e interpretar los mensajes que sus centelleantes miradas lanzan.
¿Las verdades duelen? No, las esperas y estás preparado para afrontarlas. Dulce venganza… y el tiempo pasa. Pasa y cambia, todo lo cambia. ¡Qué lástima! Y uno ríe… y otro llora, como siempre lo ha hecho. Y vuelve al pasado…y a sentir lo mismo. Una rueda eterna que se repite. Nada cambia, todo vuelve, nada avanza, pero el tiempo no cesa. Y llora.Ahora le gusta recordar su pasado de ingenuidad verdadera, el único que le devuelve la sonrisa (cómplice sonrisa) a su apagada cara. Pasado imborrable y demasiado lejano. ¿Quién no ha querido detener el tiempo? ¿Y empezar de nuevo y pararlo justo en un instante? Una nube de tormenta cubre sus ojos. Pero no era un sentimieno extraño, era la tranquilidad del lugar, su cotidianeidad. Ese sentimiento la invade al recordar la textura de la madera al deslizar su mano sobre ella.Todo tiene el mismo fin: el vacío silencio. Pero todo tiene dos caras. ¿Todos? Sobre todo las personas.Demasiado tarde para continuar, la almohada espera. Buenas noches.

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