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Archive for 19 diciembre 2012


Columna de opinión radiófonica emitida el 19 de diciembre de 2012 en el programa “Pa’ que veas” de Radio Monóvar (sección ‘En el punto de mira’).

[audio https://dl.dropboxusercontent.com/u/24365947/EN%20EL%20PUNTO%20DE%20MIRA%20191212.mp3]

Dicen que el humor, el de verdad, se basa en la realidad, la exagera, la deforma y la reconstruye de nuevo. Los buenos humoristas, además de hacernos reír, nos hacen pensar. Porque, mientras asentimos sus argumentos, en nuestra boca se dibuja una sonrisa que, a pesar de las carcajadas, no siempre es tan dulce como nos gustaría.

Fuente: eldiario.es

En momentos de crisis, el humor suele ser un buen aliado. Sobre todo cuando abrir el diario, encender la radio o la televisión tan sólo nos trae malas noticias. Lejos de la prima de riesgo (de la que, por suerte, se habla cada vez menos), lejos de los recortes (de los que, por desgracia, se habla cada vez más), lejos de los traumas personales, de las necesidades y las angustias humanas, el humor, es el único que puede levantarnos el ánimo.

En esa misma línea, hace pocos días que me llamó la atención un anuncio, un spot publicitario de esos que tratamos de evitar en televisión, pero que, por alguna extraña razón, nos toca la fibra sensible y es capaz de cautivarnos en pocos segundos. En este caso, el protagonista del anuncio era un cómico, un payaso, que trataba de dejar de ver el vaso medio vacío para verlo medio lleno. Su tarea no era nada fácil, sobre todo si tenemos en cuenta que se trataba de ver lo positivo que a pesar de la situación, continúa teniendo España.

Medicina, deporte, cine, ciencia, cocina, literatura, inventos, música, educación, solidaridad…  En resumen, nuestros logos, nuestras singularidades, las diferencias que nos unen y a la vez nos alejan, todo ello regado con una sutil dosis de humor, de esas cuya sonrisa tiene un regusto amargo.

Trasladando el ejemplo a la vida real y, a punto como estamos de celebrar la Navidad, puede que sea un buen momento para hacer balance de lo que hicimos bien y mal, sin dejar que la pesadumbre se adueñe de nuestro ánimo.

Puede que para algunos, centrarse en los logros pasados no conduzca a nada, pero tal vez nos ayude a descubrir qué hicimos bien, no sólo para volverlo  a hacer, sino para mejorarlo. Eso sí, teniendo siempre presentes nuestros errores, para no volverlos a  repetir.

En definitiva, se trata de dejar de ver la crisis como una palabra malsonante y una situación todavía peor, para convertirla, entre todos, en una nueva oportunidad.

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Columna radiófonica emitida el 5 de diciembre de 2012 en el programa “Pa’ que veas” de Radio Monóvar (sección ‘En el punto de mira’)

Constitución española

La Constitución española envejece. Mañana cumple 34 años, y aunque sus patas de gallo sean tímidas arruguitas, el texto en el que se recogen los derechos, deberes y libertades de los españoles está, para algunos, demasiado mayor.

Por ello hay quien aconseja que la Carta Magna pase por el taller para ser reformada. Ante tal propuesta, los partidos mayoritarios se rasgas las vestiduras y tratan de desviar el debate hacia otros derroteros, no sea que alguien les recuerde que ellos han modificado el texto constitucional en diversas ocasiones sin necesidad de convocar una consulta popular.

Lo hizo el gobierno de Felipe González en el 92 para cumplir con los requisitos de admisión en la Unión Económica Europea. Y lo volvió a hacer Rodríguez Zapatero, el año pasado,  para fijar un límite al déficit público. En ambos casos, el partido popular apoyó al socialista y no se dieron las circunstancias necesarias para convocar un referéndum.

Sin embargo, nunca se ha planteado una reforma de base de la constitución. Los artículos más polémicos, entre ellos los referentes a la corona o a la organización territorial del estado, ni se tocan. Posicionarse en un lado o en otro de la balanza podría costarles las elecciones y a eso, los políticos, es muy difícil que estén dispuestos.

Mención aparte merecen los artículos del título I de la Constitución, en el que se recogen los derechos y deberes fundamentales de los ciudadanos. Entre ellos se encuentran el derecho a la educación, a la sanidad, a una vivienda digna y, también, el deber de trabajar y el derecho al trabajo. Hoy en día, por desgracia, estos artículos suenan a chiste de muy mal gusto.

Me quedo con el último, con el deber de trabajar y el derecho al trabajo porque ésta semana hemos conocido los datos del paro y, una vez más, vuelven a ser malos, sobre todo para nuestra provincia, donde el paro sigue aumentando.

Ante este tipo de noticias, es normal que nos indignen comentarios como el realizado por la secretaria general de Inmigración y Emigración, Marina del Corral. Para ella la fuga de cerebros no existe, porque los jóvenes (y no tan jóvenes) que se marchan de España en busca de trabajo, no lo hacen sólo por culpa de la crisis, sino también porque son aventureros. Igual de indignantes son las declaraciones del secretario de la OCDE sobre los malos hábitos adquiridos por los parados de larga duración.

A ambos, tal vez haya que recordarles que la verdadera aventura es luchar día a día por mantener el trabajo o por encontrar uno, y el único mal hábito que se puede adquirir con 426 euros al mes es el de llevar día a día la cartera vacía.

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(Casi un mes después de las elecciones de EE. UU., ahí va mi análisis de la campaña 2.0 Obama vs. Romney)

Ni Barack Obama, ni Mitt Romney. El presidente con el que los americanos sueñan es Josiah Bartlet. El problema es que Bartlet es un personaje de ficción, concretamente el protagonista de El Ala Oeste de la Casa Blanca, creado por Aaron Sorkin. Eso sí, únicamente él reunía todas las características necesarias para convertirse en presidente del país más influyente del mundo, y en el rey del universo. Y eso que no contaba con Internet para comunicar su campaña…

Hoy los medios sociales y la Web 2.0 se han convertido en herramientas indispensables para movilizar a la opinión pública (más si tenemos en cuenta las peculiaridades del sistema electoral americano). El ejemplo de las últimas elecciones presidenciales de los Estados Unidos lo confirma: el camino a la Casa Blanca se ha convertido en un  auténtico combate en los medios sociales.

Burros contra elefantes: el combate

Primer asalto: la gran tela de araña  

Obama contaba con la experiencia de la campaña de 2008, en la que fue pionero en el uso de los medios sociales y cambió las reglas del juego. Desde entonces el marketing político no se puede desligar del uso de los medios sociales.

Ya no basta con estar presente, hay que mantenerse activo. Los burros y los elefantes lo han demostrado a través de sus perfiles sociales en Facebook, Twitter, Youtube, Tumblr, LinkedIn, Spotify, Instagram, Flickr, Pinterest, otras plataformas sociales menos conocidas y wikis como Central Desktop para organizar a sus voluntarios (como hizo Obama en 2008). Ello ha llevado a ambos candidatos a construir una gran tela de araña social bajo la premisa de que detrás de todo perfil se esconde un votante por el que luchar tanto en el ámbito online como en el offline.

Segundo asalto: ¡esto es la guerra… de datos!

Romney consiguió ponerse a la altura de Obama en pocos meses, a pesar de la ventaja con la que éste contaba. En los siguientes gráficos se recogen los principales datos de la campaña 2.0 de ambos candidatos.

Grafíco 1: social media en la campaña Obama vs. Romney (pinchar para ampliar)Gráfico 2: campaña medios sociales Obama vs. Romney (pinchar para ampliar)

Más allá de la guerra de datos, del número total de seguidores, de likes, retuits y trending topics, el dato más significativo de la campaña digital se deriva del número real de seguidores americanos y con derecho a voto de cada candidato. Sólo a través de él se puede conocer hasta qué punto el mensaje ha llegado de forma efectiva al público objetivo al que se quería impactar y saber si los medios sociales han influido o no en el resultado de la votación.

A pesar de la interacción de los candidatos (y sus esposas, los vicepresidentes…) en los medios sociales, estos singuen sin ser un medio de debate real, tan sólo sirven para viralizar de forma masiva propaganda electoral. En éste sentido, Obama y sus “chicos de la cueva” hicieron un gran trabajo al exprimir la hipersegmentación que permiten la Web 2.0 a la hora de hacer llegar sus anuncios al público objetivo buscado: fueron directos a por los votantes, no esperaron a que estos llegasen. La medición de los datos y su seguimiento jugaron un papel importantísimo para conseguirlo.

Obama y Romney no sólo tuitearon, actualizaros sus estados, publicaron en blogs, subieron vídeos e imágenes a la red (imprescindibles para generar engagement) y rompieron récords, también aprovecharon las posibilidades que las plataformas les ofrecíanpara captar fondos (fundraising) y seguir engrasando la maquinaria electoral. Ello ha hecho posible que ésta haya sido la campaña más cara de la historia.

Final del combate: presidente 2.0

Obama es, oficialmente, el primer presidente 2.0 tras ganar la batalla (online y offline) y hacerse con la reelección en la primera campaña  100% digital.

Obama ganó porque fue capaz de adecuar el branding personal al medio y al mensaje que quería transmitir, y lo hizo mejor que Romney. En otras palabras, Obama supo trasladar y adaptar las herramientas de las campañas tradicionales a la Web 2.0 (y a las aplicaciones móviles) sin dejar de lado las herramientas puramente online.

Sin duda, la campaña Obama vs. Romney servirá de base para próximas campañas electorales de los países desarrollados. Como ciudadanos, ¿estamos preparados para ello? Más todavía, ¿están los políticos preparados?

P.D.:  ¿Hablaré algún día de EE. UU. sin mencionar a Aaron Sorkin?

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