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Archive for 17/06/11


Ayer bajé a la “tienda de los chinos” que hay justo debajo de mi casa. El destino, la casualidad o vete a saber qué, hizo que justo al salir hubiese dos personas en la calle conversando acerca de la cada vez más visible presencia de chinos en España y el auge de tiendas y bares regentados por estos.

Iba a poner una foto de la Muralla, pero está muy vista. Por eso pongo esta

Cuando pienso en China me vienen a la cabeza dos cosas. La primera es una frase del guión de 55 días en Pekín (Nicholas Ray, 1963) que se encarga de decir Sir Arthur Robertson (David Niven) en el film y que alude a un comentario que Napoleón Bonaparte hizo allá por 1816: “Allí [en China] duerme un gigante. Dejémoslo que duerma, porque cuando despierte se moverá el mundo entero. Lenin y Alain Peyrefitte también se hicieron eco de la profecía napoleónica. La segunda es la teoría del caos y el efecto mariposa.

Es más que evidente que el gigante dormido ya ha despertado y que Napoleón tuvo vista al hacer el comentario. Jaime Llambías Wolff, profesor de la Universidad de York, comenta en un escueto texto (dadle a ver en html sin formato) la transformación del país. Varios datos significativos: en 2007 el PIB chino aumento un 12% (actualmente la cifra es un tanto menor, pero a pesar de la crisis sigue siendo superior al 8%), el número de universitarios ronda los 25 millones, la inversión en I+D se cifra en 42 millones de dólares… Además, el año pasado China desbancó a Japón como número dos en el ranking económico. Con todo esto, ha dejado de ser un país atractivo por sus bajos costes a articular una red de acuerdos y contratos con el resto del mundo que la convierten en uno de los mayores impulsos del crecimiento en la economía global. Un país caracterizado por la dicotomía comunismo en lo sociopolítico y capitalismo en lo económico que ha cambiado los arrozales por las grandes urbes abarrotadas de gente.

Cultivos chinos abancalados

Y llegados a este punto, siempre que se habla de crecimiento económico y de lo “bien” que va un país (en el caso chino no sólo lo pongo en comillas, sino en duda) me pregunto porqué se suele unir desarrollo económico a bienestar. No entiendo (y no será porque no han tratado de explicármelo mil veces) que la “mejor” manera de medir el bienestar de un país sea mediante el PIB per cápita. A mi me suena a unir la velocidad y el tocino. Detrás de los números y las magnitudes hay personas y con el PIB por habitante las personas son un simple número, nada más. Además, el crecimiento económico trae consigo cambios que no siempre pueden considerarse positivos. Ya que he empezado con China, pongo un ejemplo del país asiático. La pérdida de las raíces culturales se hace patente, aunque sea en pequeños detalles. Así, el pueblo chino se ha caracterizado siempre por ser muy respetuoso con los mayores, sin embargo, el respeto y los cuidados que años atrás se les profesaba a los ancianos y familiares más viejos se ha visto mermado hasta el punto de que el gobierno chino impulsó una ley para castigar a todos aquellos que no fuesen a visitar a sus padres. La Ley señala  que “los familiares no han de ignorar o aislar a los mayores, y deben visitarlos frecuentemente si no viven bajo el mismo techo”. Evidentemente este hecho está directamente relacionado con el crecimiento económico: la gente trabaja en la ciudad y tiene menos tiempo para visitar y cuidar a sus familiares. Resumiendo: ¿cuál es el precio que se paga por el crecimiento económico? ¿Es siempre positivo y merece la pena desligarnos de costumbres y aspectos culturales en pro de conseguir mayor poder adquisitivo?

Pero no me desvió más y continuó con el segundo pensamiento que me ronda la cabeza al nombrar a China: la teoría del caos y el efecto mariposa. Aquí me voy a lo prosaico. En varias ocasiones he oído que si todos los chinos saltasen a la vez se produciría un terremoto, pero… ¿alguien se ha planteado qué pasaría si a todos los chinos les diese por utilizar papel higiénico? ¿O qué pasaría si les diese a todos por comprarse un coche? Pues que con una población de 1,3 millones de habitantes (datos oficiales), en el primer caso se acabarían los árboles y en el segundo, los esfuerzos por mantener los acuerdos del protocolo de Kyoto se tornarían no sólo insuficientes (que ya lo son) sino también irrisorios. No me refiero a China ni a sus habitantes de forma despectiva, ni menospreciándolos ni nada que se le pueda parecer, pero apunto dos hechos que debido al fuerte crecimiento económico del país podrían darse y que, teniendo en cuenta su población, tendrían repercusión en el resto del mundo, por insignificantes que parezcan.

Termino volviendo a hacer referencia a la conversación que escuche en la calle sobre el auge de los negocios chinos. Hay gente que está en contra y los mira con malos ojos porque, además de copar el comercio del “todo a cien”, cada vez tienen más presencia en otros ámbitos comerciales y suelen dar trabajo “sólo” a sus compatriotas. A todos aquellos que se quejan de ello me gustaría que se parasen a pensar si ellos tendrían lo que hay que tener para irse a otro país a montar un negocio y hacer que funcione.

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