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Archive for 19/01/11


Por megafonía se anuncia la llegada del tren. Llevo, junto a mi padre, unos cinco minutos esperando en el andén de la vía correspondiente. Es martes por la tarde y en la estación no hay la aglomeración de los domingos o lunes por la mañana. Somos pocos esperando el tren con destino Valencia, pero la costumbre de cinco años luchando por un asiento es difícil de reemplazar por la tranquilidad. Así que, cuando veo aparecer la máquina del tren reduciendo la velocidad para estacionar en la estación, me despido de mi padre, cojo la maleta y espero a que una de las puertas del vagón se detenga lo más cerca de mí posible. No sé muy bien porqué, pero casi siempre es así. Rápidamente aprieto al botón, la puerta se abre y entro hecha un rayo a coger sitio. Como decía, es martes, así que el vagón está casi vacío. Nada que ver con la tercermundista imagen (sobretodo de hace dos años) de los domingos cuando los estudiantes volvíamosa la capital después de pasar el fin de semana en casa y teníamos que sentarnos en el suelo, sobre maleta propia (o ajena), ir de pie en el descansillo entre vagones…

Me despojo de la maleta y la mochila, me quito la chaqueta, saco los apuntes de Economía Mundial y me acomodo (todo lo que es posible) en el asiento. Delante de mí hay una chica que estudia Psicología en Valencia, según leo en la portada de la agenda de la Universidad que tiene en la mano. Detrás de mí hay un chico durmiendo con los auriculares puestos. Unas finas más atrás, una madre y su hijo pequeño van hablando. El vagón se completa con cuatro profesoras (lo deduzco por la conversación que mantiene) que se dirigen a Xàtiva y a Valencia. Una de ellas es argentina e idolatra no solo a Messi que acaba de ganar su segundo balón de oro, sino también a Guardiola. Otra de ellas es del Madrid. La conversación futbolista se acaba pronto para evitar disputas y vuelven a la pedagogía. Yo, me centro en mis apuntes, hasta que varias llamadas telefónicas de la estudiante de Psicología llaman mi atención.

Tema 1: Balanza de pagos (este me lo salto); Tema 2: Modelo estándar y ganancias del comercio (este me lo leo, que es fácil); Tema 3: Modelo ricardiano (¿precio relativo del queso en términos de vino o del vino en términos de queso?); Tema 4: Modelo Heckscher-Ohlin (tierra y trabajo, tela y alimentos, salarios…) y aquí me disperso. Es la tercera llamada que recibe la viajera de delante y es la tercera vez que oigo (pero no escucho) que comenta que está estudiando porque tiene examen al día siguiente. Paro en seco de leer porque me doy cuenta de que es mentira. Llevamos 45 minutos de viaje, hemos pasado Villena donde no ha subido nadie a nuestro vagón, estamos a punto de llegar a Xàtiva y, en todo el trayecto, no la he visto coger un libro o unos apuntes. Tan sólo tiene en sus manos la agenda, venga de darle vueltas, y el móvil. Cuelga el teléfono pero de nuevo vuelve a sonar y le vuelve a decir a su interlocutor que está en el tren estudiando. Nueva conversación -ésta vez a llamado ella- en la que se confiesa mentirosa: “Estoy en el tren, que me vuelvo hoy a Valencia. Ya sé que te dije que me iba el sábado, pero te mentí, es que no me apetecía ver a nadie” y continua con la mentira de antes: “sí, estoy estudiando, pero no lo llevo muy bien”. Normal…

Parece que después de esa llamada que dura unos cinco minutos, la chica se ha cansado del móvil y se dispone a echar una cabezadita. Yo vuelvo a mis apuntes. Tema 5: Economías de escala, Tema 6: Movilidad de los factores productivos (de aquí me miro el trabajo, en la parte del capital no hay gráficas y me aburre soberanamente volverlo a leer), Tema 7: Aranceles (el tema con más colorines de todos los apuntes), y hasta aquí llego con el estudio.

El convoy (si es que se puede llamar así a la unión de tres vagones) llega a Valencia con los 10 minutos de retraso de rigor. La estación está relativamente tranquila, todavía no se ven carreras desesperadas por coger el tren de Gandía, Xàtiva o Castellón… Nunca entenderé porqué corren tanto si cada media hora (e incluso antes) tiene otro tren. ¡Yo si tengo que correr para coger el mío porque si lo pierdo, en el mejor de los casos, me paso 4 horas en la estación! Pero volvamos a la bajada del vagón. La susodicha estudiante de Psicología baja delante de mí. La espera un chico que la ayuda a bajar la maleta. Bajo detrás y me dirijo a la parada de metro. Ellos siguen la misma dirección. En el andén del metro me siento en uno de los fríos bancos de mármol y ellos están de pie a mi lado. De nuevo oigo que la chica comenta que ha estado estudiando durante todo el viaje de tren y que no está segura de saberse tal o cual tema… Esto, esto sólo tiene un calificativo: se trata de una mentirosa compulsiva.

PD: Si, exagero mucho.

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