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Archive for 30 enero 2011


Acaba de perder el Madrid de Mou y Cristiano contra el Osasuna de Clemente, 1-0. ¡Qué desastre! Tantos millones gastados, tantas camisetas vendidas, tanto… tanto egocentrismo junto en un mismo vestuario y club para esto. Deprimente.

Pero voy a lo que toca que no era hablar del Madrid, sino del partido de ayer: el Hércules-Barcelona que tuve la oportunidad de ver en directo desde tribuna. El Rico Pérez abarrotao’ a más no poder rebosaba alegría, fiesta y muy poca rivalidad: allí se iba a ser al equipo de la ciudad jugar contra el mejor equipo de España y, por que no decirlo, del mundo. Niños vestidos con la camiseta del Barcelona y la bufanda del Hércules, parejas divididas por la afición que se juntaban junto a herculanos y culés mientras se acordaban de la madre del árbitro al unísono, cánticos de ¡Hércules, Hércules! dejaban paso al himno del Barcelona. Y todo ello, sin ningún incidente reseñable, más allá del chaval que saltó al final del partido y se cruzó medio campo corriendo para conseguir estar cerca de los jugadores del Barcelona. El de seguridad que iba detrás corría tirando el higadillo por la boca, menos mal que Valdés paró al chico (un crío), le dio su camiseta y el chavalete se fue más contento que unas castañuelas a la grada. El segundo espontáneo (más mayorcete) se resbaló justo delante de Piqué cuando iban a entrar al vestuario y este no tuvo la misma suerte que su predecesor.

En el muro de Facebook de Carrusel Deportivo (cadena SER) han colgado varias fotos de las pancartas que había colgadas en el estadio:

Una chica cerca de la portería en la que yo estaba tenía una pancarta para Piqué, pero no era la de la foto.

Mi padre y yo llegamos al estadio después de subir la “cuestecita” del castillo de San Fernándo… así que llegamos acaloraos’ pero como hacía fresquete pues la verdad que es mejor. Casi encontramos la puerta por la que teníamos que entrar y, por unos minutos, no vimos bajar del autobús a los dos equipos. El Hércules llegó en un autobús propiamente dicho, el Barcelona lo hizo en un minibús (la pela es la pela). Nos costó un rato encontrar nuestros asientos y mira que era fácil: estábamos justo en el lateral de la portería del Hércules durante el primer tiempo, así que el gol de Pedro lo vimos bien cerquita. La prensa estaba en esa portería apelotonados y yo les hice una foto cuando todavía estaban preparándose cerca del vestuario:

Por cierto, el chico que había de Gol TV (digo yo que sería de ahí) llevaba un lío que pa’ qué. Ah! Y el balance de blancos lo hacen como nosotros: ¡con un folio blanco! (me hizo gracia y me recordó muchos momentos de desesperación con la cámara a cuestas de un lado a otro de Valencia).

Vayamos al partido que empezó tras la pitada a los jugadores del Barcelona tanto al saltan a calentar como a jugar.

El Hércules aguantó como mejor pudo, cerrando todos los huecos imaginables e inimaginables para evitar que el Barça se adelantase en el marcador. Xavi y Alves intentaban crear jugadas de peligro realizando pases y aberturas a una banda y a otra, pero no había manera. La defensa herculana tenía la lección bien aprendida del Camp Nou: no dejar que Messi toque la pelota. Y así consiguieron que el marcador se mantuviese a cero durante 40 minutos… Entonces llegó Don Pedro y con él el gol. Gol no, golazo. Y, claro está, también llego la celebración que se produjo justo delante de donde yo estaba. ¡Qué clase! Esteban Vigo, el entrenador del Hércules, comenta en declaraciones al diario Marca que éste gol fue decisivo en el resultado final.

(Si, ya se que en la segunda le corté la cabeza y medio cuerpo a más de uno, pero es lo que me dió tiempo a hacer)

Continuo con el partido. En la segunda parte, el Hércules no se rindió a pesar de ir por detrás en el marcador. Salió a intentar empatar y a seguir defendiendo a muerte la portería. El regreso de Farinós fue uno de los momentazos del partido, aunque también lo fue su rápida expulsión. Se nota la calidad del jugador en el campo: fue salir él y transformar la forma de jugar del Hércules a mejor, había jugadas, había estrategia, había experiencia en el campo. Otros jugadores del Hércules que hicieron un partidazo fueron: Kiko, Calatayud (el portero) y Tote. En el Barça: Xavi, Iniesta y Pedro (Messi también, pero más al final de la segunda parte que durante todo el partido). Tras la expulsión de Farinós, el partido se hizo cuesta arriba para los herculanos que desaprovecharon varias ocasiones ante la portería de Valdés. El Barça sólo tuvo que encontrar el hueco justo para darle el balón a Messi, que sentenció el partido con dos goles. El 0-3 final y la derrota de hoy del Madrid, dejan la Liga a un paso si la cosa no se tuerce. 7 puntos ya no son ni 1 ni 3 (evidente) y a estas alturas de la Liga cualquier punto de ventaja es bueno. Así es normal que Villa decida descansar un ratillo (aunque el de ayer no fue su partido):

villa sentado en el cesped del Rico PerezFinalizo la entrada dejando el fútbol de lado porque: ¡hay más deportes! Algo que parece evidente pero que todas las cadenas de televisión olvidan. Hoy la Selección Española de Balonmano ha conseguido la medalla de bronce en el Mundial ante Suecia (23-24). Tras perder el viernes el pase a semifinales ante Dinamarca, hoy se ha hecho justicia. En un partido, otra vez, muy reñido, la selección española se ha impuesto por un tanto de diferencia y ha logrado un bronce merecidísimo.

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Como ya dije en un post anterior, he descubierto algunos grupos que se han merecido el honor de entrar en la lista de música que me gusta. Aquí van algunos:

The Queens of the stone age>>Una que va por el mundo y le suenan canciones y después no sabe de qué grupo son… ¡menos mal que tengo quién me ilustre! 

El videoclip aquí.

The XX>>No va a ser siempre lo mismo, ¿o si?

El videoclip aquí.

Lost Pacients>>Tienen una canción medio en castellano (Wheter) que resulta curiosa. Es un grupo pequeño y poco conocido, pero se deja oir.

Tokyo Sex Destruction>> Estos los he visto en concierto y merece la pena. (Son españoles, por si alguien lo dudaba)

The Right Ons>> Otro más que está en mi lista de conciertos. (Otros más de la tierra que de vez en cuando da buenas coseñas. Eso sí, el cantante está loco, la monta que da gusto. ¡La hostia!)

The Vines>> directos desde la tierra de los canguros

El videoclip aquí.

Death Cab for Cutie>> Estos los descubrí por Six Feet Under y me los quedé, aunque sus letras son un tanto depresivas. En la serie Claire escucha Transatlanticism, pero he decidido poner otra. El videoclip de la canción que enlazo me encanta.

P.D.: Hasta las narices de que la “gente” (léase discográficas, mayoritariamente) capen los vídeos… ¡¿qué más dará dónde los veas si el caso es verlos!? Llevo tres días cambiando los enlaces porque cada vez me capan un vídeo… ¿ya está bien no? Que he tenido que quitar varios más de una vez, cambiar uno por otro y así… Estos tendrían que haber ido a las clases de Hipertexto y saber que INTERNET son enlaces!!

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Valiente por tratar el tema de las drogas sin tapujos, sin realizar ningún juicio al respecto y sin moraleja. Jugándoselo todo a la baza del surrealismo y el impacto visual con toques de videoclip. Un montaje enérgico, trepidante. Una estética transgresora, en definitiva, a la que hay que unir un buen reparto encabezado por Ewan McGregor y  Robert Carlyle (sí, el de Full Monty) hacen que no te levantes del sillón. Pero llegamos al guión: diálogos escasos, aunque audaces, cínicos, crudos, verosímiles e incluso lúcidos que no vienen a decir nada. Nada a excepción de los soliloquios inicial y final y alguna frase suelta por en medio de la cinta. Para muestra un botón: “Dentro de mil años ya no habrá tíos ni tías, sólo gilipollas” [¡nos estamos aplicando que da gusto¡].

El water más sucio de toda Escocia

Posiblemente sea una de las escenas, junto a la persecución inicial, el bebé y el regalito envuelto en una sábana, que más se recuerdan de Trainspotting. Por eso mismo, no me voy a detener en ninguna de ellas. Yo me quedo con la última parte del film. Con los tejemanejes de Renton, Begbie, Sick Boy y Spud. También me quedo con la banda sonora (Iggy Pop, Pulp, Primal Scream, Lou Reed, David Bowie…) y con el vacío existencialista que marca la cinta.

La película la vi hace, aproximadamente, una semana y me sigo acordando de ella con la misma sensación agridulce que me dejó. No es que esperase más, es que esperaba otra cosa. Conociendo de antemano el parlamento inicial, pensaba que no iba a encontrar una cinta estética y técnicamente más que correcta, pero sin algo más que aportar. Porque está vacía y hace que tú la llenes. Y eso, no me disgustó: he aquí la parte dulce, ya que detrás de las subidas y bajas de la película, Trainspotting pretende que el espectador se (re)plantee ciertas cuestiones sociales y personales que llegan a no tener nada, absolutamente nada, que ver con el film. Pero, por otra parte, el hecho de mostrarse así me deja con la incertidumbre de si le busco tres pies al gato intentado llenar de contenido algo que no tiene –más del explícito- y que ha sido encumbrado como obra maestra cuando, en realidad, no lo es (he aquí el vinagre). Está claro que no es lo mismo verla en 2011 que en 1996, pero si verdaderamente fuese una obra maestra como, pongamos, La naranja mecánica, el dato de cuándo se ve la película debería ser irrelevante. Y aquí me vuelvo a detener, porque no comprendo porqué se suele comparar una de las obras maestra del grandísimo (y grandioso) Stanley Kubrick con Trainspotting. Sí, ambas son transgresoras en cuanto a lo visual y en cuanto a la temática, pero me veo incapaz de rebajar La naranja mecánica a los suburbios de Edimburgo.

No le niego a Danny Boyle su audacia, igual que le reconozco la brillantez de otras cintas suyas como 28 Días después (2000) y  Slumdog Millionaire (2009), pero no me quedaré tranquila si no me quejo del bodrio que es La playa (1999). Como decía, Boyle fue atrevido al tratar el tema de la heroína y sus efectos a partir de la obra homónima de Irvine Welsh, pero a mí no me ha llegado a convencer del todo. Un poco de sexo, mucha droga, una pizca de violencia y música de Iggy Pop no son suficientes.

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Una curiosidad que he encontrado: un cómic que destripa la peli en tres páginas.

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Tim Harford acuñó el término de “economista camuflado” a través de la columna que escribe en The Financial Times, más tarde pasó a convertirse en el título de su libro más famoso: El economista camuflado, la economía de las pequeñas cosas. Según reza en la portada del ejemplar que tengo en casa, se han vendido más de 100.000 ejemplares en español. A mi parecer, el economista británico bien podría haber titulado su libro como “el economista descafeinado” (por la pregunta que, supuestamente, sirve de excusa para la existencia del libro: ¿quién paga tu café? o ¿por qué pagas en Starbucks –no le hace propaganda, ¡qué va!– por una taza de café el triple de lo que pagarías en un simple bar?) e, incluso, podría haberlo titulado como “el economista neoliberal declarado” que viene a ser el punto de vista económico que presenta el texto.

Lo bueno es que Harford, al menos, no se esconde detrás de sus palabras. Es claro en cuanto a su ideología económica y la mantiene intacta hasta la última palabra del libro (para los curiosos, la última palabra es Li –no me he vuelto loca, viene de Yang Li). Pero eso no quita que se ciegue en ella y no vea ciertos aspectos económicos que no son como el los pinta. No seré yo quien niegue que el sistema capitalista es fuerte: no por la situación de crisis actual, sino por las diferentes luchas que ha ganado a lo largo de la historia y que han dejado en la estacada a otros sistemas económicos. Pero, a parte de eso, el capitalismo tiene fallos que el señor Harford no ve o que cuando los ve los solucionan con dos bonitas palabras: crecimiento económico. Con eso y un bizcocho, todo arreglado. Bueno, con eso y con impuestos. Porque, tal y como deja caer en el libro, el dilema es: “márgenes más grandes por taza, pero menos tazas, o márgenes más pequeños en más tazas”. Ésta analogía de las tazas la podemos trasladar a cualquier tipo de industria/empresa e incluso al Gobierno: ¿impuestos altos pero sobre pocos productos, o impuestos  bajos sobre más productos? El centro de todo para Harford son los márgenes, los beneficios.

No voy a negar que algunas de las teorías que expone en el libro son acertadas. Haberlas haylas y, además, están bien fundamentadas. Pero hay frases que duele los ojos leerlas. También hay capítulos en los que puedo poner pocas pegas, como el dedicado a la bolsa porque lo que explica es correcto, aunque no explique demasiado (Capítulo 6); cuando pone el ejemplo de la “Subasta Vickrey” y habla de la teoría de los juegos (Capítulo 7); cuando habla de la sanidad y compara diferentes sistemas (Capítulo 5), o cuando habla del crecimiento de China (Capítulo 10), en el que sí le discuto que diga: “La política china de ‘un solo hijo por familia’ ha creado una sociedad en la cual las mujeres tienen tiempo para trabajar”. ¿No conoce la existencia de centros de adopción de, sobre todo, niñas chinas? ¿Desconoce que una gran parte de la población china no ha sido registrada en ninguna parte? También se hace el sueco cuando dice: “la sociedad occidental se basa totalmente en los mercados libres”, se puede basar en ellos, pero ¿dónde están? Yo lo que veo son mercados intervenidos, pero libres… Lo dicho, a veces se hace el sueco.

Veamos algunas de las lindeces que suelta Harford durante las más de 300 páginas que componen El economista camuflado.

Cuando hace referencia a diversas teorías sobre el comercio relacionadas con la ventaja comparativa (David Ricardo, Heckscher-Ohlin…) se olvida de que otras teorías, como la referente a las economías de escala o las políticas proteccionistas (vía aranceles, cuotas a la importación…), no siempre justifican que el comercio entre países sea positivo para todos. Ni el proteccionismo es tan malo, ni el liberalismo tan bueno.

Dejando el tema teórico de lado, Harford habla del medio ambiente en estos términos:

Los economistas también se preocupan por el medio ambiente (?), pero sueñan con un mundo en el que éste ya no sea un tema que invite a adoptar posturas morales, sino que se encuentre integrado adecuadamente dentro de la esfera de los mercados y del mundo de la verdad.

¿Y que nos cobren por respirar o que se vendan los bosques como se le ocurrió al gobierno británico para frenar la deuda pública? Pero la cosa no se queda ahí:

La ecologista Vandana Shiva habla en nombre de muchos cuando declara que “la contaminación se traslada de los ricos a los pobres. El resultado es un apartheid ambiental mundial.

Harford lo nieta alegando que:

Los peores problemas medioambientales, al menos hasta hoy en día, son consecuencia de la pobreza y no de la riqueza.

Tras leer esto se me quedaron los ojos como platos. ¿La culpa de todos los males la tiene los países pobres? ¡Qué tontos somos que no nos habíamos dado cuenta! (léase esto último con mucho sarcasmo). Ahora resulta que la contaminación no es problema de las fábricas de los países ricos, no, es problema de las chabolas africanas que emiten gases malignos. Es que telita…

Pero ya que estamos hablando de países pobres y ricos, más llamativo todavía es la justificación que el autor da a la existencia de países pobres: los países pobres son pobres (y ello “exige cierto esfuerzo”) porque los gobernantes se sienten amenazados y optar por robar todo lo que puedan antes de que los echen del poder. Y aquí una pensó, seriamente, en cerrar el libro y no volverlo a abrir. Pensamiento que reiteró cuando leyó el mayor eufemismo del libro:

El régimen de Sadam Husein parecía más fuerte que nunca tras una década de sanciones: fue una fuerza exterior y no un cambio interno la que lo expulsó del poder.

Señor Harford, con “fuerza exterior” ¿se refiere a una guerra por el petróleo que llevó a cabo el mismo país que apoyó el ascenso al poder del dictador? Buff…

Podría hacer algún apunte más, tanto positivo como negativo, pero creo que para finalizar, después de las incoherencias citadas, voy a hacerlo con una sentencia que se recoge en el libro y con la que estoy de acuerdo:

Pagarles a las personas porque están desempleadas fomenta el desempleo.

Resume lo que está pasando en España. Sí, la crisis y lo que quieras, pero ¿cuándo se pone la gente a buscar trabajo? En la mayoría de los casos, cuando se les acaban las ayudas. No me desvió del libro que si me voy por la crisis y los parados puedo no saber regresar.

En resumen, demasiado simplista. Está bien para acercarse a la economía, pero es sesgado aunque no más que cualquier otro libro sobre economía. Lo bueno es que explica todos los conceptos que introduce, está escrito de forma clara y amena. Pero también deforma, en parte, la realidad. Además, se lía. Harford promete un libro sobre las implicaciones de la economía en el día a día y es verdad que lo cumple hasta que, a mitad de libro, se pasa a la macroeconomía y a hablar del comercio entre países y de grandes economías mundiales.

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Por megafonía se anuncia la llegada del tren. Llevo, junto a mi padre, unos cinco minutos esperando en el andén de la vía correspondiente. Es martes por la tarde y en la estación no hay la aglomeración de los domingos o lunes por la mañana. Somos pocos esperando el tren con destino Valencia, pero la costumbre de cinco años luchando por un asiento es difícil de reemplazar por la tranquilidad. Así que, cuando veo aparecer la máquina del tren reduciendo la velocidad para estacionar en la estación, me despido de mi padre, cojo la maleta y espero a que una de las puertas del vagón se detenga lo más cerca de mí posible. No sé muy bien porqué, pero casi siempre es así. Rápidamente aprieto al botón, la puerta se abre y entro hecha un rayo a coger sitio. Como decía, es martes, así que el vagón está casi vacío. Nada que ver con la tercermundista imagen (sobretodo de hace dos años) de los domingos cuando los estudiantes volvíamosa la capital después de pasar el fin de semana en casa y teníamos que sentarnos en el suelo, sobre maleta propia (o ajena), ir de pie en el descansillo entre vagones…

Me despojo de la maleta y la mochila, me quito la chaqueta, saco los apuntes de Economía Mundial y me acomodo (todo lo que es posible) en el asiento. Delante de mí hay una chica que estudia Psicología en Valencia, según leo en la portada de la agenda de la Universidad que tiene en la mano. Detrás de mí hay un chico durmiendo con los auriculares puestos. Unas finas más atrás, una madre y su hijo pequeño van hablando. El vagón se completa con cuatro profesoras (lo deduzco por la conversación que mantiene) que se dirigen a Xàtiva y a Valencia. Una de ellas es argentina e idolatra no solo a Messi que acaba de ganar su segundo balón de oro, sino también a Guardiola. Otra de ellas es del Madrid. La conversación futbolista se acaba pronto para evitar disputas y vuelven a la pedagogía. Yo, me centro en mis apuntes, hasta que varias llamadas telefónicas de la estudiante de Psicología llaman mi atención.

Tema 1: Balanza de pagos (este me lo salto); Tema 2: Modelo estándar y ganancias del comercio (este me lo leo, que es fácil); Tema 3: Modelo ricardiano (¿precio relativo del queso en términos de vino o del vino en términos de queso?); Tema 4: Modelo Heckscher-Ohlin (tierra y trabajo, tela y alimentos, salarios…) y aquí me disperso. Es la tercera llamada que recibe la viajera de delante y es la tercera vez que oigo (pero no escucho) que comenta que está estudiando porque tiene examen al día siguiente. Paro en seco de leer porque me doy cuenta de que es mentira. Llevamos 45 minutos de viaje, hemos pasado Villena donde no ha subido nadie a nuestro vagón, estamos a punto de llegar a Xàtiva y, en todo el trayecto, no la he visto coger un libro o unos apuntes. Tan sólo tiene en sus manos la agenda, venga de darle vueltas, y el móvil. Cuelga el teléfono pero de nuevo vuelve a sonar y le vuelve a decir a su interlocutor que está en el tren estudiando. Nueva conversación -ésta vez a llamado ella- en la que se confiesa mentirosa: “Estoy en el tren, que me vuelvo hoy a Valencia. Ya sé que te dije que me iba el sábado, pero te mentí, es que no me apetecía ver a nadie” y continua con la mentira de antes: “sí, estoy estudiando, pero no lo llevo muy bien”. Normal…

Parece que después de esa llamada que dura unos cinco minutos, la chica se ha cansado del móvil y se dispone a echar una cabezadita. Yo vuelvo a mis apuntes. Tema 5: Economías de escala, Tema 6: Movilidad de los factores productivos (de aquí me miro el trabajo, en la parte del capital no hay gráficas y me aburre soberanamente volverlo a leer), Tema 7: Aranceles (el tema con más colorines de todos los apuntes), y hasta aquí llego con el estudio.

El convoy (si es que se puede llamar así a la unión de tres vagones) llega a Valencia con los 10 minutos de retraso de rigor. La estación está relativamente tranquila, todavía no se ven carreras desesperadas por coger el tren de Gandía, Xàtiva o Castellón… Nunca entenderé porqué corren tanto si cada media hora (e incluso antes) tiene otro tren. ¡Yo si tengo que correr para coger el mío porque si lo pierdo, en el mejor de los casos, me paso 4 horas en la estación! Pero volvamos a la bajada del vagón. La susodicha estudiante de Psicología baja delante de mí. La espera un chico que la ayuda a bajar la maleta. Bajo detrás y me dirijo a la parada de metro. Ellos siguen la misma dirección. En el andén del metro me siento en uno de los fríos bancos de mármol y ellos están de pie a mi lado. De nuevo oigo que la chica comenta que ha estado estudiando durante todo el viaje de tren y que no está segura de saberse tal o cual tema… Esto, esto sólo tiene un calificativo: se trata de una mentirosa compulsiva.

PD: Si, exagero mucho.

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TVE emitió (15/01/11) por La2, en el programa Documentos TV, el interesante documentalPalabras al viento sobre la dislexia y los problemas que acarrea dicho trastorno en el aprendizaje de la escritura y la lectura.

En España se estima que cerca de un 4-5% de la población sufre éste problema ligado, en muchas ocasiones del fracaso escolar. En nuestro país son muy pocos los centros especializados que se dedican al tratamiento de la dislexia y la mayoría de ellos son centros privados. Los centros públicos no pueden atender de forma personalizada y adecuada a los niños con dislexia –como explica una profesora en el documental- porque el trabajo del gabinete de psicopedagogía está digerido, principalmente, a otros trastornos infantiles y cuando se presenta un caso de dislexia es difícil que se pueda atender adecuadamente –por falta de tiempo– al niño que la sufre.

El niño queda desatendido y se ve a si mismo con tonto. “Como no sabes lo que tienes empiezas a creer que eres tonto y todos los problemas que tienes lo asumes en que eres tonto. Hasta que te dicen que no eres tonto, que eres disléxico” comenta Daniel Ottman, estudiante de Biología. La vida en las aulas es una pesadilla para la mayoría de niños con dislexia: van retrasados con respecto a sus compañeros en lectura y escritura, les cuesta concentrarse y se evaden con mucha facilidad, no son capaces de seguir el ritmo de las clases, trabajan duro pero su esfuerzo no se ve recompensado en los resultados que obtienen…

La dislexia es un trastorno neurológico y biológico (puede heredarse de padres a hijos) que afecta a funciones relacionadas con el habla, el vocabulario, la memoria, la percepción, la escritura… La edad a la que la dislexia empieza a ser visible es a partir de los 7-8 años, antes es difícil de diagnosticar con claridad. No se trata de confundir la b y la v o la derecha y la izquierda, se trata de llegar a confundir los días de la semana, escribir del revés, trasponer letras cuando se escribe y lee, etc.

A pesar de que las personas que la padecen se suelen ver abocada al fracaso si no se trata su problema, la dislexia no tiene relación con la inteligencia. Existen diversos ejemplo de personajes conocidos que padecían dislexia y no les impidió desarrollar su profesión y conseguir sus logros. Ejemplo como el de Albert Einstein, Thomas Edison, Picasso, John Lennon o ‘Magic’ Johnson muestran que la dislexia se puede superar y que no supone un freno para las aspiraciones de las personas que la padecen. Eso sí, es necesario diagnosticarla a tiempo para intentar ponerle freno lo antes posible, porque la dislexia no se cura con el tiempo. No se cura pero se puede corregir.

La Fundación Pedagógica El Brot (Cataluña) es el único centro en España donde se trata, exclusivamente, el problema de la dislexia. “Hemos apostado por un reto (…), está poco aceptado, poco facilitado, es verdad que algunas veces se nos abren las puertas, pero cuesta” comenta María Párraga, de El Brot. Todo un ejemplo, sin duda, de que con ayuda y adaptándose al ritmo de aprendizaje que requieren estos niños y jóvenes se pueden conseguir grandes logros.

Los padres, profesores, personajes famosos como Gabino Diego y Boris Izaguirres y los propios niños y jóvenes que sufren el trastorno nos hablan de la dislexia, de lo que sienten, de cómo es la vida en las aulas y de cómo van superando sus problemas día a día, con mucho trabajo, pero también con muchas ganas.

Aquí dejo los enlaces a algunas de las fundaciones e instituciones que tratan de ayudar a los disléxicos a corregir su problema:

Aquí puedes ver una pequeña lista de famosos que han sufrido los problemas de la dislexia:

Famosos disléxicos (Yahoo! Blogs)

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Si en estos momentos tuviese puesto un sombrero, me lo quitaría por el magnífico guión de Aaron Sorkin. Sentía curiosidad por ver qué había hecho el creador de El Ala Oeste de la Casa Blanca con el guión de una película peculiar y diferente sobre la red social más conocida, Facebook. Maestro, ya que en los Globos de Oro la película se ha salido (mejor película, mejor director, mejor guión y mejor banda sonora), allá va la crítica.

Sinopsis (spoilers): La red social (The Social Network) cuenta cómo nació, envuelta en polémica, la red social Facebook. Fue el 11 de enero de 2004, cuando Mark Zuckerberg, un estudiante de Harvard, después de que lo deje su novia (Erica, interpretada por Rooney Mara) y de que colapse la red intenta del campus, decide montar un sitio Web que conecte a las “colegas” de la universidad. La idea no surge a la primera. Cuando su novia lo deja, guiado por el despecho, bloguea a la vez que crea una Web en la que se puede votar a la chicas de su campus. Es una manera de vengarse de su novia y del resto de féminas. Debido a la mala imagen que le crea la Web y gracias a la misma, contactará con unos estudiantes pertenecientes a una fraternidad que le proponen que desarrolle un sitio Web para conectarse con los de la hermandad y los del campus como signo de distinción y de exclusividad. Zuckerberg va más allá y en lugar de desarrollar la idea inicial que le proponen, el monta Facebook con la ayuda de sus amigos (uno pone el dinero, el otro le ayuda a programar y a vender la Web…). Aquí empiezan los problemas, las demandas, la fama y el éxito.

Crítica: David Fincher se rodea de un elenco de actores jóvenes y no excesivamente conocidos (Jesse Eisenberg, Andew Garfield, Justin Timberlake) para llevar a la gran pantalla un guión de Aaron Sorkin basado en el libro Millonarios por accidente, de Ben Mezrich. Todo ello bañado con una banda sonora potente a cargo de Trent Reznor y Atticus Ross. El resultado: impecable.

No se trata de una película de adolescentes universitarios que se la pasan de fiesta en fiesta, que en parte también –pero no al estilo convencional-, se trata de una película sobre el apabullante y rápido éxito de un sitio Web que llega por sorpresa y que conlleva problemas para su creador. El creador, Mark Zuckerberg (Jesse Eisenberg), es un tío inteligente, muy inteligente, pero con escasas capacidades de comunicación y socialización (o al menos, da esa imagen). Es un chico al que el éxito de Facebook le viene demasiado grande. Y es aquí, en medio del éxito y queriéndose aprovechar de la debilidad o falta de personalidad de Zuckerberg, intenta encauzarlo y llevarlo por dónde él quiere. Se trata del creador de Napster, otro joven que revolucionó la red y que en el film está interpretado por Justin Timberlake. Su interpretación sorprende gratamente. Sean Parker (Timberlake) llega a Facebook para aprovecharse del éxito de Zuckerberg. Intenta apartar a éste de sus (pocos) amigos. En definitiva, que intenta aprovecharse de la situación con el beneplácito del creador de Facebook que lo ve como un gurú a seguir con los ojos cerrados. El papel Eduardo Saverin, interpretado por Andrew Garfield, también es brillante: se trata del amigo que financia los servidores y demás de Facebook en sus inicios, además de ser el mejor amigo de Zuckerberg. Y, parafraseando el guión, es que el chico (el creador de Facebook) no es que sea gilipollas, pero se empeña en serlo.

Ya que hablamos del guión, Sorkin ha creado una historia verosímil, llena de diálogos inteligentes, rompedores y con mucha fuerza. La prepotencia de Timberlake, la indiferencia y racionalidad excesiva de  Eisenberg, lo emocional de Garfield… todo encaja, se ve como un conjunto coherente. Se nota la pluma magistral de Sorkin detrás de cada palabra, de cada silencio.

El aspecto técnico, está cuidado y el resultado es perfecto. Tanto la dirección, como la fotografía, vestuario (aquí no era demasiado difícil conseguir un buen resultado. Por cierto, me gustó el estilismo de Zuckerberg cuando sale de la facultad corriendo, en pleno invierno, con pantalón corto, chanclas y calcetines….) y la banda sonora. Todo ello ayuda a que veamos un mundo real, verosímil, creíble que concuerda con las expectativas que tenemos.

Valoración: No sé si se merecerá todos los premios que se está llevando (y los que se llevará) porque no he visto el resto de películas, pero la verdad es que la película está muy bien. La prepotencia de los protagonistas, la maestría del guión, la complejidad narrativa de trasladar el mundo de la red a la gran pantalla. La red social es entretenida, coherente, inteligente y su ritmo no decae en ningún momento. Una buena película.

 

Curiosidad: En la página web oficial de la película si pones el puntero sobre la imagen del jabalí se despliega una especie de menú en el que se lee un trocito de la sinopsis del film. Pues bien, hay un error: no es 2007, sino 2003 (aunque naciese en 2004) cuando se empieza a gestar Facebook. Si le das a la opción de leer más la información es la correcta.

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Como ya he comentado arriba, La Red Social se hizo con 4 premios. Se quedó fuera de varios grandes (aunque se llevó la mayoría), entre ellos los de mejor actor, cantadísimo para Collin Firth, y el de mejor actriz (tampoco fue ninguna sorpresa) para Natalie Portman. Una de las cosas buenas de la gala fue volver a ver, recuperado, a Michael Douglas, cuya aparición llegó a eclipsar el premio a toda una carrera que le dieron a Robert DeNiro. Una de las cosas malas, para más de uno, fueron las bromas del presentador. Pero no iba yo ha hablar de esto, sino que iba a referirme a la parte más frívola: el vestuario, la alfombra roja.

Para mí las mejores vestidas fueron: Olivia Wilde (iba de princesa, el vestido era increible y el estilismo sencillo que el vestido ya lo era todo -aunque los zapatos eran horribles-), Sandra Bullock (algunos dirán que el cambio de look no es apropiado y mil cosas, pero me gustaba tanto el nuevo peinado con el vestido) y Eva Longoria (pelo y vestido, perfectos).

Las peores vestidas fueron: Halle Berry (no se sabe si es un vestido extraño o que va en ropa interior…),  Helena Bonham-Carter (fiel a su extravagante estilo, fue de sí misma con un zapato de cada color, pero es que es rara de narices) y January Jones (¿trikini con flecos? Los padres fueron originales con el nombre: Enero…).

Otras mal vestidar fueron: Cristina Aguilera (está bien que vayas de Burlesque y que promociones y demás, pero…), Natalie Portman (¿quién le diría que se pusiese el floripondio entre las tetas?), Jennifer López (ese vestido blanco con gasilla….), Michele Williams (estampado de mercadillo -y no me malinterpreteis que lo digo porque con lo que le ha costado… podría ser mucho más bonito-), Julianne Moore (intento de quimono rosa) o Angelina Jolie (vestido color turquesa con hombreras… ¡qué repelús!).

Eso es todo por hoy.

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